martes, 28 de julio de 2015

El ascenso y caída del Piojo Herrera por su voracidad de cortesana

Aquí tenemos la historia de un Ícaro que logró ascender en la adoración de la gente y ahora ha caído. En la selección mexicana teníamos de entrenador al polémico Miguel El Piojo Herrera, personaje que pasó de la adoración colectiva a el repudio casi absoluto en cuestión de tan sólo semanas. -Eso es normal en el futbol: si ganas eres Dios, si pierdes eres Cuasimodo- ; me dirá el avispado lector. La gran diferencia es que aquí tanto la ascención como la caída no se debieron tanto a su comportamiento deportivo si no a su comportamiento mediático. Al Piojo los medios lo entronizaron; y los medios lo sepultaron también; me explico:




El Piojo Herrera como jugador fue de mediano a bueno, tirándole a mediocre. Como entrenador lo era también; no había tenido resultados relevantes, jamás había sido campeón, e incluso contaba con un descenso. Hasta tenía una negra fama de broncudo y peleonero. No parecía llegar muy lejos. Y de repente, se sacó la lotería del destino futbolero: fue contratado manera completamente inesperada para la dirección técnica de uno de los 2 equipos más populares de México, el América.


No parecía llenar el perfil, pues el América es conocido por tener una personalidad soberbia, mamona, decimos en México; y el Piojo no encajaba: era de origen humilde, y su aspecto de carnicero de tianguis difería del de una sucesión de entrenadores elegantes, bien vestidos y casi modélicos. Se le auguraban escasas semanas en el puesto antes de ser lanzado por la puerta de atrás.



Sin embargo, la personalidad y formas del Piojo encajaron de alguna manera en el América, y contra todos los pronósticos, comenzó a tener éxito. Resultó además ser dueño de un insospechado carisma, y se volvió la adoración de la afición americanista y por lo tanto de los medios, que se peleaban las entrevistas con el exótico entrenador.



Y a tan sólo 1 año y medio de estar en el América, sucedió el acontecimiento que lo catapultaría al cielo de los gladiadores futboleros: contra todo lo que auguraban sus detractores, logró llevar al América a la final del futbol mexicano, donde además, se enfrentaba en la final a uno de los más encarnizados enemigos del América, el Cruz Azul. Completando los ingredientes, el juego final por el campeonato terminó siendo una de las más emocionantes, inverosímiles y recordadas finales del futbol mexicano. Al final, de manera apoteósica, logró ser campeón.




Coincidendo con esto, en esos momentos la selección mexicana pasaba penas en la eliminatoria para la copa del mundo de Brasil, y estaba de hecho, a punto de ser eliminada. La personalidad del seleccionador mexicano en ese momento, el Chepo de la Torre, contrastaba con la del Piojo; mientras el Chepo era cerrado, callado, gruñón; el Piojo era dicharachero, hablantín, alegre. Luego, la selección empeoró, y en el momento más crítico, el Piojo fue llamado para dirigir la selección para el partido decisivo, como una medida desesperada. Nuevamente, el Piojo salió avante, y llevó a México al mundial. En Brasil se hizo mundialmente célebre por sus particularmente eufóricos festejos y su intensidad en la banca. Estuvo tan de moda, que hasta llegaron a proponerlo para entrenar a la selección de Inglaterra.



El gran Pietro Aretino dice que en el siglo XV, las cortesanas estaban muy conscientes de que su belleza pasaría rápido; por lo que cuando lograban tener un cliente, o mejor aún, cuando lograban ser las favoritas de un señor, le exprimían y robaban lo más posible, con voracidad, llegando a robarse la ropa, los zapatos y hasta el palito sobrante de las manzanas a la primera oportunidad, pues no sabían si el día siguiente seguirían siendo las favoritas; dando lugar a la expresión: "Voracidad de cortesana". A partir del mundial de Brasil, aprovechando su enorme fama y carisma, el Piojo Herrera empezó a aparecer en infinidad de anuncios, mostrando una voracidad de cortesana de la mejor clase.



 El Piojo aparecía literalmente hasta en la sopa: salía en anuncios de bancos, autos, turismo, servicios, páginas web, teléfonos, ropa, y hasta antiácido. Esto comenzó a fastidiar a la gente, pues se iban hartando de tanto Piojo todo el día. Sin embargo, el Piojo logró mantenerse en el gusto de la gente, a pesar de tener algunos resultados adversos como en la Copa América. Pero decíamos, la caída del Piojo no fue por cuestiones deportivas: fueron 140 palabras.



El pasado 7 de junio fue día de elecciones en México. Por ley, está prohibido hacer cualquier propaganda política, pero ese día el Piojo Herrera mandó un tuit -evidentemente pagado- llamando a votar por el partido Verde Ecologista. Ese fue el principio del fin. En el propio Twitter le llovieron una avalancha de críticas al Piojo y a otras personalidades de la farándula que también vendieron sus tuits ese día; aunque la mayoría de las críticas se cebaron especialmente en Herrera. Las críticas ya no le dejarían nunca. Sus festejos, antes folclóricos, ahora eran considerados grotescos; su humor antes ceñebrado, ahora se tomaba como falta de seriedad; y hasta su redonda figura de chistosa y sólida pasó a ser repulsiva y cebosa. No se le perdonó nunca venderse a un partido político, los cuales son considerados en México como nidos de ladrones y traidores, y peor al partido verde, considerado (en México, repito) como aún más ladrón y más traidor.



Sin embargo, a pesar de que su tuit violaba claramente los estatutos de la Federación Mexicana de Futbol y la ley mexicana misma, Herrera se mantuvo en el cargo, aunque ya con buena parte de la opinión pública en contra. Luego vino la Copa Oro, que es el campeonato de selecciones de la Concacaf (que tendría lugar en Estados Unidos); donde México tiene la obligación de ser campeón, pues sus adversarios son considerados ampliamente inferiores; pues precismente en la Copa Oro, el desempeño de la selección fue francamente deplorable; de hecho, en los partidos contra Costa Rica y Panamá parecía que México quedaba fuera, y sendos penales inexistentes marcados en el último segundo le salvaron. Al final, con todo, se ganó la copa. De nuevo, salvó el puesto el cuestionado Piojo. Ya había sorteado el temporal.



Sin embargo, según las estadísticas, la mayor parte de los accidentes mortales en carretera ocurren en el trayecto de regreso; cuando los aviones se estrellan, lo hacen mayormente en el aterrizaje; y los decesos de alpinistas ocurren los más en el descenso, luego de haber tocado la cumbre. Pues aquí ocurrió lo mismo: luego de salir campeones, el equipo mexicano se separó, y cada quien se tomó los respectivos vuelos hacia su casa. El Piojo estaba registrándose en el aeropuerto de Filadelfia ya para regresar a México a descansar, cuando en la misma sala de registro se topó con uno de sus más grandes detractores en la televisión: Christian Martinoli, locutor (periodista no es) de TV Azteca, la segunda cadena más importante de México. Al verle, el Piojo perdió el control, y entre él y su hija le dieron un par de empujones y alguna bofetada al odiado Martinoli.



Claro, de inmediato se dió a conocer el suceso, provocando gran escándalo en redes sociales, radio y televisión, pidiendo la cabeza de Herrera. Al día siguiente, el polémico, amado, odiado Herrera fue separado de su cargo. Se fue como llegó, por su fama de intenso, de luchador, de gladiador. No se fue por los resultados; ni siquiera por la "agresión" contra un "periodista"; se fué porque cometió el peor pecado en que puede incurrir un gladiador: perdió el favor del pueblo, y éste al final, pidió su ejecución.  



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