lunes, 20 de octubre de 2014

5 lugares y casas fantasma de la ciudad de México

Las ruinas ejercen sobre nosotros una misteriosa, malsana atracción. Por eso nos gustan las historias de fantasmas: contemplar los restos de lo que fue y ya no es, como dice el dicho popular, nos asusta pero nos gusta. ¿Y qué otra cosa son las ruinas, casas, templos y edificios abandonados, sino fantasmas, pero de ladrillo y piedra? Aquí les presentamos, pues, 5 sitios y casas fantasmas de la Ciudad de México; todos fueron en sus tiempos lugares majestuosos, esplendorosos, y la desgracia, el descuido o la mala suerte los han convertido en meros fantasmas de sí mismos… Osea, como dice el archifamoso poema El Brindis del Bohemio: "compañeros, siento por esta vez no complaceros", los que presentamos no son sitios con fantasmas, sino sitios que son fantasmas; pero eso sí, cada uno con su fascinante historia de terror, abandono y mala suerte...

Lo que queda del Balneario "La Ola"



5 lugares fantasmas de la Ciudad de México


Unidad Habitacional Tlatelolco

En 1964 el entonces presidente mexicano Adolfo López Mateos inauguró el conjunto Nonoalco Tlatelolco, un proyecto habitacional de 102 edificios habitacionales en 964 mil kilómetros cuadrados; de era tan grande, que con razón se le llamaba "Una Nueva Ciudad dentro de la Ciudad".


Según su creador Mario Pani, estaba inspirado en las ideas de Le Corbusier y sustituiría las casuchas de madera de la zona de miseria del barrio de Nonoalco y sus callejuelas lodosas por modernos edificios de una “ciudad radiante” que crecería hacia arriba y que contaría con escuelas, hospitales, teatros, y otros servicios símbolo de la modernidad urbana de la bonanza económica que experimentó México entre 1945 y 1970.


Y es que la zona donde se construyó el conjunto Taltelolco era un cinturón de miseria de esos que toda gran ciudad tiene; un lodazal plagado de chozas improvisadas de cartón y lámina, y refugio de los menesterosos de la ciudad. El proyecto cambiaría todo eso.



Desde 1960 cuando empezó la construcción, los antiguos habitantes del barrio, al final de las vías del ferrocarril, debieron emigrar quién sabe a dónde porque los departamentos del conjunto no estaban a su alcance; en cambio, los amplios edificios con elevador y buena vista del Valle de México se poblaron con clase media y alta gracias a sus capacidades crediticias. Casi nada podía salir mal. 

Tlatelolco recién inaugurado, en 1964.
Nótese como destaca marcadamente con
respecto al perfil del resto de la ciudad.


Pero apenas cuatro años después de inaugurados, unos días antes de comenzar los Juegos Olímpicos de 1968, el gobierno mexicano orquestó una matanza para reprimir un movimiento estudiantil que exigía cambios hacia la democratización; siendo el conjunto Tlatelolco el escenario de la tragedia y comenzando ahí el declive del conjunto urbano.



En el tristemente famoso terremoto de 1985 derribó uno de los edificios y dañó severamente muchas más en Tlatelolco; no se sabe con exactitud el número de muertos y heridos pero en total 11 edificios debieron ser demolidos y redujeron la altura de cuatro más para poder conservarlos en una operación de reconstrucción que todavía causa controversias.

El edificio Nuevo León, caído en el temblor de 1985

Tlatelolco es una cicatriz en la Ciudad de México, del proyecto urbano poco queda, el terremoto exhibió fallas y corruptelas desde la construcción, el uso de materiales baratos, mala planeación, y desinterés por la protección civil. Con el paso de los años, el que fuera el conjunto habitacional más moderno y hermoso de latinoamérica, al que la gente se peleaba por ir, en la actualidad es un lugar en ruinas, con la gran mayoría de los departamentos y locales comerciales desocupados o en malas condiciones. Los esfuerzos de conservación son aislados o nulos y muchas secciones son focos rojos de inseguridad. 


El otrora lujoso cine Tlaltelolco, hoy en ruinas y abandonado

Fotos: gracias VivirTlatelolco




Hotel Regis

En 1915 comenzó la vida del Hotel Regis en la Ciudad de México como un edificio neoclásico al que, con los años, se agregaron elementos para hacerlo más grande y confortable.



Ya en la mitad del siglo XX era uno de los hoteles de más prestigio, en uno de los lugares de más prestigio, al final de la Alameda central, un hermoso paseo que data de la época virreinal.



El Hotel Regis ofrecía, ya en la década de 1940 restaurante, cafetería, peluquería, baños y sauna, entre otros servicios.


Se podía escuchar, por ejemplo, a Agustín Lara en el cabaret Capri o disfrutar de los mejores estrenos nacionales y extranjeros en la sala del cine.



Muchas personalidades se hospedaban en el Regis por su servicio y conveniente ubicación.



Anexo al hotel había una tienda de electrodomésticos y muebles llamada Salinas y Rocha con aparadores llamativos y llenos de color que atraían a los paseantes de Avenida Juárez.




Durante el terremoto de 1985 se derrumbó la estructura del hotel y al explotar las calderas de los baños, incendiaron la tienda matando a muchas personas. Las imágenes de las ruinas quemadas se volvieron referente mundial de la tragedia mexicana.


Aunque los dueños quisieron reconstruirlo, el terreno fue expropiado y a modo de propaganda gubernamental, se construyó ese mismo año un pequeño parque al que llamaron Plaza de la Solidaridad. El que fuera el hotel más lujoso de la Ciudad, hoy es una mediocre plaza descuidada y en semiabandono.





Casa de la familia Requena

Una de las familias más acaudaladas de la ciudad durante el Porfiriato (a fines del siglo XIX) eran los Requena, quienes en 1895 decidieron arreglar su casa en la calle Santa Veracruz, (al otro extremo de la Alameda por cierto), al más puro y exuberante estilo Art Noveau que era el estilo más moderno y atrevido de la época; sin escatimar en gastos, los Requena mandaron copiar los tapices, cortinas y muebles de las revistas francesas.
Cada pequeño detalle de la Casa Requena fue
artísticamente hecho ex-profeso.



Detalle de un mueble Art Noveau de la Casa Requena.
Increíble belleza.

El apabullante comedor. 



El resultado fue de una ostentación alucinante; por ejemplo, había un enorme comedor para 24 personas, con mesas, sillas, espejos, tapices y hasta vajilla todo en estilo Art Noveau.


El patio interior de la casa, con ventanas de
arcos ojivales.


El patio y la fuente interior;
se aprecia su tema morisco y
arriba que estaba protegido por cun hermoso vitral.



Incluso las hijas tuvieron recámaras temáticas como la habitación de la Caperucita roja o la de los pavorreales, claro, también en Art Noveau.

La recámara de la Caperucita.





El salón del piano.
Obsérvese que las sillas, paredes, mesas, lámparas
y tapices estaban hechos a juego en estilo Art Noveau.
Mención especial a el bellísimo marco del retrato que se ve al fondo.

La casa conservó su belleza hasta 1963 cuando Guadalupe Requena murió; entonces la casa se volvió una carga económica para los herederos y -en un garrafal error- la cedieron al gobierno para que se hiciera cargo del mantenimiento y presuntamente pudiera utilizarla como museo.

Familia Requena

El descuido, desinterés, ignorancia, -y por que no decirlo- estupidez plana y llana de la burocracia, permitió que esta sufriera todo tipo de daños, siendo el más grave una construcción vecina, que derrumbó una de las paredes de la casa, lo cual no fue reparado y que aceleró exponencialmente el deterioro del resto de la estructura al quedar a la interperie. Lugo ante la pusilanimidad de las autoridades, la casa fue invadida por vagabundos y drogadictos. Finalmente, como un preso que ya no resiste más el tormento de sus captores, en 2005, después de una copiosa lluvia, típica de la ciudad, lo que quedaba de la Casa Requena terminó por desplomarse.



Los restos siguen ahí, en ruinas, como un terreno baldío de propiedad federal con una barda que impide el paso al terreno de la que alguna vez fuera la más bella y exuberante muestra de Art Noveau en México y quizá en Latinoamérica.

Aún en ruinas, se deja ver en lo que queda la tremenda belleza de
la que fuera la casa Requena



Una iniciativa de la familia Requena logró rescatar los muebles, que se conservan hasta hoy y se pueden admirar en un museo de Chihuahua llamado Quinta Gameros.

Uno de los bellos muebles
rescatados; presuntamente del mítico
salón de los pavorreales.
fotos: Blog Casa Requena y GrandesCasasDeMéxico




Condominio Insurgentes 300; El edificio “Canadá”

El Condominio Insurgentes, en el número 300 de la propia avenida Insurgentes, fue inaugurado en 1958, durante el auge económico conocido como Milagro mexicano. Su publicidad ofrecía: 17 pisos y 420 despachos de lujo, una excelente ubicación en una de las avenidas más grandes del mundo, y sobre todo, estatus; todos argumentos de venta difíciles de ignorar. Incluso contaba con Helipuerto.


Poderosas empresas, y especialmente prominentes abogados, contadores y médicos, compraron despachos en el Condominio Insurgentes. Definitivamente  tener uno ahí era sinónimo de prosperidad e influencia.


El edificio se volvió referente en la ciudad por su ubicación y altura. En la década de 1970 se colocó un anuncio de neón de la popular zapatería Canadá que permaneció varios lustros; la gente entonces comenzó a llamarlo “Edificio Canadá”. Ni el anuncio ni la zapatería existen hoy en día, pero el nombre permanece. No así el lujo ni el prestigio de sus ocupantes.

En esta foto se ve al fondo la silueta del entonces recién
inaugurado Condominio Insurgentes

Curiosamente, no sabemos quién trabajó como arquitecto en este proyecto; no hay un gran nombre detrás del Condominio Insurgentes; pero quizá por problemas de dinero o diferencias con los dueños, fueron distintos profesionales quienes agregaron sus propios trazos a los planos, y el edificio no está correctamente resuelto. Esa fue la semilla de su decadencia.
La actual y semiderruída puerta del Condominio Insurgentes


Uno de los despachos del Condominio Insurgentes
en el abandono total.


Con el paso de los años, la dificultad de conciliar a 420 dueños de los despachos, el tamaño del edificio, el tiempo y, como casi siempre sucede en Ciudad de México, los sismos, opacaron al Condominio Insurgentes. Después de 1985 fueron evidentes muchas fallas en la estructura, los despachos vacíos se improvisaron y rentaron como departamentos de bajo costo sin haber sido diseñados para tal fin; hubo nula inversión en mantenimiento, los elevadores dejaron de funcionar y sin luces, los pasillos se convirtieron en ratoneras donde los asaltos eran la orden del día.
No son los elevadores de The Big Bang Theory; son los
elevadores del Condominio Insurgentes, perpetuamente fuera de servicio.




En 2010 el gobierno desalojó a los ocupantes argumentando venta de narcóticos y giros negros. Aunque permanecen algunos habitantes que se resisten a salir, el Condominio Insurgentes se considera un punto conflictivo por abandono.








La Ola ó Aguas Salvajes.

La Ola, ó Aguas salvajes, es mi favorito sin duda porque me tocó ver su esplendor. Era un pequeño balneario en la tercera sección del bosque de Chapultepec con chapoteaderos de colores, juegos, toboganes, pasto en lugar de arena y una alberca de olas que se activaba cada cinco o diez minutos y, según el comercial de televisión, permitía surfear. Nunca vi a nadie sobre una tabla de surf pero el espacio que abrió sus puertas en 1979 es un clásico entre los niños de la década de 1980 pues eran comunes las visitas escolares a modo de premio por buen rendimiento en el salón de clases y en una ciudad a cientos de kilómetros de la costa una alberca gigante de olas puede ser un tesoro para la familias en constante crisis económica.
Vista general de la Ola en su momento de esplendor.



Chapultepec, por supuesto, es un espacio público propiedad del Estado pero el balneario y su complemento, un parque acuático con delfines y leones marinos llamado Atlantis eran una iniciativa particular que se mantenía decorosamente; no era un lugar elegante, sino uno con precios populares. Incluso me parece que el proyecto de playas improvisadas del gobierno local está inspirado en el éxito de La Ola, a saber.



La falta de mantenimiento fue degradando la experiencia y para la década de 1990 poco quedaba de las casi tres mil personas que podían entrar en sus años de mayor popularidad.


un consorcio de balnearios compró el lugar pero no logró renovar el éxito hasta que finalmente cerró sus puertas en 2007. Hoy es un tiradero de cascajo y ruinas dónde a veces estacionan coches. Se convirtió en un fantasma perdido en el bosque donde ya nadie se aventura.





imágenes de la ola, gracias a:
hacemuchotiempo y especialmente: idosdelamente




Y con este artículo, damos la calurosa bienvenida a Trementyna, autora de el mismo. Agustín, un servidor, colaboró con un par de detalles, pero el mérito es de Trementyna, de quien fue la idea original y la investigación. Aplausos.
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