miércoles, 4 de junio de 2014

El lisiado que ganó el Mundial de Futbol y las olimpiadas

Y al decir un lisiado que ganó el Mundial de Futbol y las olimpíadas -incluso metiendo goles-, no nos referimos al gran Franz Beckenbauer que famosamente jugó las semifinales del mundial México 70 con la clavícula fracturada, ni a Garrincha, que era zambo, y además tenía una pierna 6 centímetros más corta que la otra; al "lisiado" al que nos referimos  le faltaba completamente una extremidad: no tenía el brazo derecho. Aunque nunca pareció faltarle, ni tampoco vivió como un "lisiado", a decir verdad.

Franz Beckenbauer recibiendo ayuda médica
 por su clavícula fracturada.
Jugaría así más de media hora, en el llamado "Partido del siglo"


Héctor Castro nació en 1904 en Uruguay; y como se cuenta del pequeño Jesús de Nazareth, Héctor comenzó a trabajar en un taller de carpintería desde los 10 años. Sólo que Jesús -también se cuenta- contaba con la protección y ayuda de los ángeles, mientras que el pequeño Héctor, no: de tal manera que a los 13 años, una sierra eléctrica le amputó el brazo derecho por debajo del codo. En una época en que aún era prácticamente nulo el soporte social para quienes tenían este tipo de situaciones, parecía que su vida estaba destinada a la miseria, y casi seguramente a la mendicidad.



Por el contrario, Héctor Castro siguió adelante y continuó asistiendo a su club de futbol amateur, donde ya antes del accidente era considerado entre los más hábiles. Fue tal su tesón, que logró ingresar al futbol profesional a los 17 años, y al futbol de primera división a los 20. Como todo gran jugador, tenía un apodo, y el de Héctor era, prvisiblemente, "El Manco" Castro.




Con tan sólo 22 años, "El Manco" recibió su primera convocatoria a la selección Uruguaya, logrando en 1926 ganar la Copa América, y en 1928, el torneo máximo de el futbol de entonces: las Olimpíadas. Castro estaba teniendo su annus mirabilis, y parecía que nada podía mejorar. Pero increíblemente, faltaba lo mejor.



En 1929, la entonces joven Federación Internacional de Futbol (la FIFA) decidió organizar por primera vez un campeonato mundial de futbol profesional. El país elegido para recibir la justa fue el bicampeón olímpico, Uruguay, quien había prometido pagar los gastos derivados y hasta ¡Inaugurar un estadio! con motivo del torneo, el que sería llamado estadio Centenario

Estadio Centenario. En el momento de su inauguración,
el más grande de América.

Por supuesto, como miembro del equipo olímpico campeón, Castro fue elegido para integrar la selección Uruguaya. En ese entonces ya nadie tenía siquiera en cuenta que Héctor no tenía su brazo derecho.  Sólo lo consideraban como un formidable delantero.

Hector "El manco" Castro con la selección uruguaya.

El torneo empezó, y muy a la latinoamericana, el prometido estadio Centenario no estaba acabado aún; por lo que la inauguración y los primeros juegos se disputaron en otros estadios alternos. Pero el 18 de julio, justo cuando para el primer juego de Uruguay, se declaró listo, y se realizó el primer partido en el Centenario, entre las selecciones de Perú y Uruguay. Y como en cuento de hadas, Héctor, "el manco" Castro, fue el primer anotador, tanto de Uruguay en mundiales, como en el estadio Centenario, dándole además la primera victoria en la historia del torneo a los Charrúas, 1-0.



El campeonato continuó, y la poderosa escuadra uruguaya continuó avanzando, hasta llegar a la gran final contra sus vecinos y grandes rivales, los argentinos.



El juego de la gran final comenzó, y Argentina demostró que no les arredraban los más de 60,000 espectadores que apoyaban a los locales: terminó el medio tiempo ganando 2 a 1 a Uruguay. Luego, en el  transcurso del segundo tiempo, la famosa garra charrúa logró la voltereta, para un marcador de 3 a 2. Pero el juego seguía y los nervios estaban a flor de piel, pues a cada momento Argentina parecía poder lograr el empate. Hasta que al minuto 89 "El Divino Manco" Héctor Castro, remató con precisión asesina un centro de su compañero Dorado, y logró el tranquilizante y definitivo 4-2, asegurando así el campeonato para el Uruguay.



Un verdadero cuento de hadas futboleras: al final de su carrera, Héctor, "El manco Divino" Castro, fué campeón del Mundial; campeón olímpico; dos veces campeón de la copa América; tres veces campeón de liga como jugador, y 5 veces más como entrenador.



La ayuda que los negligentes ángeles le negaron en el taller de carpintería, los dioses del estadio se la regalaron por montones. Pero más que ayuda de dioses ó ángeles, fue gracias a su indomable tesón, y a su ejemplar pundonor, que quien comenzara jugando azarosamente como "El Manco" Castro, terminara recordado por siempre como Héctor "El Divino manco".


Aclaración:

Se lo políticamente incorrecta que es hoy la palabra "lisiado", y que el término preferido actualmente es: "Personas con capacidades diferentes"; pero utilicé la palabra lisiado con todo propósito, para señalar las dificultades a las que en ese entonces -y todavía hoy- se enfrentaban las personas que habían perdido un miembro.  Héctor superó toda esa discriminación y salió adelante, a pesar de que en ese entonces muchos -equivocadamente- le consideraran un "lisiado".



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