jueves, 15 de mayo de 2014

La diferencia entre Japón y Latinoamérica en una foto

La foto que muestra la diferencia entre Japón y Latinoamérica es la que va abajo de este párrafo. ¿Y esta foto, a qué se refiere? ¿A la tecnología? También en latinoamérica las estaciones del subterráneo usan torniquetes o sistemas de barrera automáticos, podría decir algún lector. La diferencia es cómo se llegó a esta máquina y lo que hace. Y de hecho, lo interesante de este artículo es la historia de esta máquina.

Torniquetes o sistemas de barrera del metro de Japón.


Antiguamente, para entrar al subterráneo, comprabas tu boleto en la taquilla, con un taquillero humano, y después te dirigías al acceso, donde otro empleado humano revisaba tu boleto, checaba que fuera válido y auténtico, lo perforaba, te lo devolvía para que pudieras usarlo como comprobante, y finalmente, te permitía el acceso.  ¿Las contaron? Son 5 acciones. Esto funciona muy bien si sólo viajan 20 ó incluso 300 personas. Pero repetir esta operación en sólo fracciones de segundo, para atender a 1,000 ó 10,000 personas, se vuelve imposible para un ser humano.



Y esto le pasó en 1965 a la compañía japonesa de trenes Hankyu: su sistema de trenes era tan puntual y eficiente, que se convirtió en un gran éxito... lo cual estuvo a punto de matar a la compañía. Y es que aunque los trenes corrían perfectos, sin retrasos, los cada vez más numerosos pasajeros demoraban hasta media hora en intentar entrar a la estación, debido al primitivo sistema de acceso.  Los boleteros humanos simplemente no se daban abasto. Todas las mañanas, era lo mismo, había quejas y enojo. Tenían que hacer algo.

Acceso al metro  en la Ciudad de México.


Así, que le encargaron a la Universidad de Osaka y a la compañía OMRON que diseñaran un sistema automático para que los pasajeros pudieran entrar sin detenerse, pero que al mismo tiempo, revisara sus boletos. La propuesta de la universidad se muestra en este pequeño video (imprescindible verlo para que sepamos de que estamos hablando; sólo dura 56 segundos):



Como vemos, el pasajero va caminando e ingresa su boleto, el cual viaja en una cinta transportadora, al final de la cual es devuelto al pasajero, que sin dejar de caminar, simplemente lo toma. ¿Y cómo sabe la máquina que el boleto es bueno? Bueno, se usó un invento nuevo (en aquella época) la cinta magnética, -como la que usaban los cassettes-: se le puso una banda magnética a cada boleto, la cual llevaba la información necesaria, misma que sería leída por la máquina en el viaje por la cinta transportadora:


Se inserta el boleto en el torniquete,
y un dispositivo lee la cinta magnética, otorgando el acceso.


Si es un abono multiviajes, te lo devuelve, si es un boleto de un solo viaje, se lo traga, y si es falso, la máquina le cierra el paso al pasajero. Los ingenieros de la Universidad de Osaka estaban muy orgullosos con su diseño; era innovador e ingenioso.

A partir de entonces, casi todos los boletos de metro del mundo son así:
llevan una cinta magnética al reverso.


Pero la compañía de trenes los recibió con un balde de agua fría: no era suficiente. Porque la máquina además, debería ser capaz de recibir los abonos perforados tradicionales, que muchos pasajeros seguían usando, y que para colmo de males, eran de diferente tamaño.  Ahora, además de un lector magnético, la máquina debía tener uno óptico para leer las perforaciones. Y no era lo peor.


El abono tradicional para todo un mes.


No se podían poner dos ranuras distintas, pues los pasajeros podrían confundirse, poniendo un boleto en una ranura equivocada, y atascando la máquina u ocasionando un error.


Algunos tickets podrían no ser detectados por el lector.

Debía ser una sola ranura, capaz de de recibir diferentes tamaños de boleto. Esto agregaba un componente casi imposible al problema: porque la máquina debía poder leer los diferentes boletos, aún cuando el usuario, distraídamente, introdujera el boleto de lado, al revés, o inclinado; es decir, en cualquier posición que lo metiera, la máquina tenía que poder leerlo. Este problema desveló a los ingenieros de la Universidad de Osaka por semanas. ¿Cómo hacer que una máquina reciba y acomode boletos mal insertados, a alta velocidad? Parecía insoluble.



Hasta que un ingeniero, luego de varios infructuosos días de esfuerzos y pruebas, para despejar su mente, salió a pescar. Mientras pescaba, por primera vez en meses, se tranquilizó. Y se puso a ver a unos niños que jugaban cerca, con unos barquitos de papel. Y entonces, -toda distancia guardada- como Arquímedes mientras se bañaba, tuvo su idea genial: El barquito de papel viaja por el río y su posición es cambiada por las rocas con las que va chocando, pero sigue avanzando...

Un barquito de papel puesto en el río.


...de la misma manera,  los boletos avanzarían por la cinta transportadora, y serían golpeados por pequeños obstáculos colocados estratégicamente, y que los obligarían a alinearse para poder ser leídos. ¡Eureka!

Un ticket puesto en el torniquete.


¡El problema estaba resuelto! Se construyeron los torniquetes, y efectivamente, ya nunca más fue un problema entrar al metro de Japón. De hecho, el sistema inventado por los japoneses resultó tan perfecto, que básicamente es el mismo que se usa en casi todos los metros y transportes masivos del mundo. ¿Y qué tiene que ver esta historia con latinoamérica? Bueno, recordemos que los japoneses hicieron todo lo posible por diseñar una máquina que se adecuara a los usuarios. ¿Y qué hay en nuestra querida latinoamérica? Bueno, los torniquetes del metro de la Ciudad de México sólo pueden recibir un único tipo de boleto, aunque lo hacen al revés y al derecho... sólo que cuando la máquina se descompone; ¿Un intrépido ingeniero halla una manera innovadora de solucionarlo? Sí, pero a la latina:

Este torniquete del metro de la Ciudad de México
 se descompuso, y únicamente
puede leer los boletos colocados boca arriba.
¿Qué hizo el ingeniero para repararlo?
Le pegó con cinta al torniquete este letrerito.


Y esta, señoras y señores, es la diferencia :(






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