martes, 18 de marzo de 2014

El presidente que no tenía ni para comprarse zapatos

Oír que hubo algún presidente -mexicano, colombiano, argentino, peruano, español, estadounidense, latinoamericano, o vaya, de cualquier nacionalidad- que no tenía ni siquiera zapatos para acudir a su propio cumpleaños se oye más como ficción que como historia; pero, por increíble que parezca, sucedió. ¿Y de qué presidente estamos hablando? ¿Del humilde José Mujica del Uruguay, que dona el 90% de su sueldo? ¿O tal vez del gran libertador Simón Bolívar? No; aunque honrados, algún ingreso percibieron. Quizás algunos ya adivinaron: hablamos del presidente mexicano Benito Juárez.

El Libertador, Simón Bolívar 

Ya comentamos antes que en 1862 Francia invadió México, y sus fuerzas armadas comenzaron a tomar el territorio nacional comenzando desde el sur. El presidente Juárez entonces ordenó que se metieran en carretas los archivos de la nación, y comenzó a moverse hacia el norte, conforme los franceses avanzaban. Además de los archivos, Juárez iba acompañado de su gabinete, por lo que en esas carretas iba lo que quedaba del gobierno republicano de México.

Carreta en la que viajó Benito Juárez 

Este peregrinar duró casi cuatro años, en los cuales Juárez iba instalando el gobierno tanto en ciudades como en pequeños poblados a los que llegaba, para constantemente levantarlo e ir más al norte; pues los franceses le pisaban los talones, muchas veces a tan sólo 10 días de distancia (a veces menos).


En 1865 Juárez llega a uno de los estados más norteños: Chihuahua.  El gobernador y las personalidades de la capital del estado recibieron a Juárez con alegría  A diferencia del centro del país, Chihuahua había sufrido poco los visajes de la guerra, y hasta decidieron hacerle una fiesta de cumpleaños al presidente peregrino.


Juárez, al enterarse de estos planes, no quería que se organizara tal fiesta, pues siempre fue contrario a los lujos, y se oponía a tales gastos en épocas de guerra y carestía; pero tampoco quiso desairar a sus anfitriones, y a regañadientes, aceptó que se realizara la fiesta, con la condición de que el dinero para celebrarla no saliera del erario del estado. (Ah, que diferencia con mis diputados y senadores, que el infierno se lleve, si en él creyera).

Busto de Juárez 

Recordemos una situación: Juárez y su gabinete llevaban ya 3 años peregrinando, con poco o ningún sueldo, y susbsitiendo con lo indispensable; por lo cual, pensar en fiestas para él era casi absurdo; pero por otro lado, en Chihuahua la guerra, que se había desarrollado en el centro, no había afectado la economía, y en cambio, una fiesta con el mismísimo Presidente como invitado de honor, era un gran suceso entre toda la sociedad Chihuahuense; por lo que insistieron en hacer la fiesta; y republicanamente, todo el dinero salió de manos particulares.

Estatua de Benito Juárez 

El convite, para 800 invitados, fu fijado para el 21 de marzo de 1865 a las 6 de la tarde. Cuando se acercaba la hora, Juárez reparó de pronto en un impedimento de causa mayor, y algo contrariado, mandó a su Secretario de gobernación, Sebastán Lerdo de Tejada, que les comunicara a sus anfitriones que lo lamentaba mucho, pero que  no le era posible asistir.
Los anfitirones escucharon azorados la noticia: ¡El presidente les cancelaba de último momento! ¿Estaba enfermo? ¿Alguien le hizo una grosería? ¿Los franceses se acercaban? El Secretario, Lerdo de Tejada, siempre discreto, mantuvo el silencio. Pero las mujeres de Chihuahua no se rinden fácilmente, y tomando aparte al Secretario, lo sometieron a un interrogatorio que parecía ser amable, pero que en realidad fue tan severo como si se lo estuviera haciendo la gestapo.

Sebastián Lerdo de Tejada 


Y por supuesto, la verdad salió a flote: ¡El presidente Benito Juárez no tenía zapatos! Desde su partida de la ciudad de México, hacía 3 años, usaba un par, mismo que fue sometido a cientos de kilómetros de maltrato extremo. Así que ese día, el pobre cuero del que algún día estuvieron hechos, apenas se mantenía unido, y ya mostraba hoyos por todos lados. Estaba prácticamente descalzo; y si bien Juárez no era dado al lujo, también sabía que representaba a la República, y no quería humillarla mostrando al máximo representante del país en tan miserable estado en una fiesta pública.



Pero entonces las damas de Chihuahua se organizaron con precisión militar e hicieron una colecta para comprarle unos zapatos al presidente, los cuales le hicieron llegar "como un afectuoso regalo de cumpleaños para el ciudadano presidente". Juárez aceptó conmovido el regalo, que le venía perfecto, y asistió finalmente a la fiesta. (hoy a esta acción se le llama coperacha, o sea cooperación, colecta)




Luego de tantos meses y años de guerra y preocupaciones constantes, un momento de diversión le vino bien a Juárez, que según se cuenta, era un estupendo y entusiasta bailarín, y bailó toda la noche, hasta la madrugada, en sus zapatos nuevos.



Terminada la fiesta, y pasados los meses, el Presidente dejóa Chihuahua y siguió su peregrinar; aunque no sus zapatos. Probablemente en esos zapatos Juárez escaló la sierra hacia el último reducto de tierra mexicana, donde sólo había cactos y serpientes, con tal de no entregarse ni de cruzar a los Estados Unidos, cuando sus perseguidores franceses ya habían tomado prácticamente todo México.

Uno de los últimos reductos mexicanos de Juárez. 


Pero esos democráticos zapatos parece que le trajeron suerte a Benito Juárez y a la República, pues fue entonces cuando se ordenó la retirada de las fuerzas francesas, comenzando entonces la reconquista del territorio, hasta culminar con el fusilamiento de Maximiliano en 1867, el triunfo de la República, y de su presidente, el de zapatos comprados por coperacha.

Regreso triunfal de Benito Juárez a la capital,
y reinstauración de la República 



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