jueves, 19 de diciembre de 2013

El mensaje navideño del rey con mala suerte

El año pasado, en nochebuena, como es tradición, el Rey Juan Carlos de España emitió un mensaje a su pueblo. Desde el año pasado, España está sumida en la crisis económica más profunda desde el crack del 29. 5 millones de españoles están sin empleo, y  400,000 familias fueron desalojadas -legal, pero inmoralmente- de sus casas por no poder pagarlas.




Cabe recordar que en particular ese año fue especialmente... embarazoso para la casa real española: el cuñado del Rey usó sus influencias y posición para ganar licitaciones públicas, y fue arrestado con una fianza de 5 millones de euros. El nieto mayor del rey, Froilán, de 13 años, en un acto digno de sit-com estadounidense, se disparó en el pie con una escopeta cuyo uso está prohibido a menores de 14.

Froilán; inmediatamente se hecha de ver su brillantez borbona 

Pero por supuesto que el ejemplo lo deben poner los mayores, y el desliz... no, la estupidez que se llevó todos los titulares nacionales e internacionales fue protagonizada por el propio rey Juan Carlos en persona.
Es un hecho tan ridículo, maligno, vergonzoso y surrealista, que el propio Luis Buñuel habría envidiado escribir una cinta con tal trama:
Estando su pueblo, como decíamos, sumido en la más desesperante crisis, el buen monarca no resistió ver sufrir más a sus súbditos, así que se fué de viaje al África... todo pagado por el pueblo, but of course.
Además el viaje era para cazar elefantes, aunque el Rey presidía en ese momento la WWF de España, (World Wildlife Fund) la fundación mundial de protección a la vida salvaje, hecho que no le molestaba en lo más mínimo, igual que la crisis de su pueblo. De hecho, tan no le importaba, que en realidad Juan Carlos hacía viajes de cacería muy a menudo.


Increíblemente, todo hubiera permanecido en relativa secrecía, de no ser porque la famosa mala suerte borbona se hizo presente una vez más: el rey, de 78 años, se cayó y se fracturó la cadera, obligando a hacer público el viaje, e iniciando un escándalo de proporciones... borbónicas.
Dentro del mismo escándalo, se reveló la total separación matrimonial del rey y la reina Sofía, sólo mantenida para las fotografías. Y especialmente, se dieron a conocer los faraónicos gastos de la casa real española, mantenidas intactas aún en medio de la crisis. Sí, tal como en la época de María Antonieta.

¿Dicen que tienen hambre papi? ¡Qué coman pasteles! 

Pues bien, en ese ambiente, el Rey aún tuvo cara para dirigir un mensaje navideño a su querido pueblo. ¿Pidió disculpas? ¿Ofreció solidarizarse, disminuyendo sus gastos? ¡Claro que no! Pidió a los españoles sacrificarse más... por ellos, sus amados reyes. Pidió apretarse -aún más- el cinturón; y pidió paciencia.

Verán, los viajes son muy caros
y pues uno ya está acostumbrado... 

Este patético mensaje del Rey hizo hervir de indignación a su amado pueblo: y por primera vez en décadas, resurgieron las ideas del regreso de la República, y del fin de la monarquía. Y aquí surge lo destacado; (porque una casta de gobernantes ladrones que vivan a costillas del pueblo, no es, en verdad, nada novedoso) lo destacado, es: que mucha de esta gente se encontró conque no sólo ellos lo pensaban: ¡Son miles, millones, los que desean que la monarquía termine!



Antes del internet y las redes sociales, el monopolio de la opinión pública lo tenían los medios masivos de comunicación: tv, radio, prensa. Y siendo propiedad de poderosos, es natural que se defiendan entre sí; así que estos medios mantenían -y mantienen- el discurso de que la mayoría aún quiere el mantenimiento de la monarquía. Ahora, las redes sociales cuentan otra historia: ya son muy pocos los que toleran seguir manteniendo a esa casta de zánganos que disfrutan la gran vida, mientras el pueblo muere -literalmente- de hambre.



Hoy, a doce meses de su annus horribilis, los sacrificios pedidos fueron inútiles, España sigue en crisis, y la gente sigue pidiendo el fin de la monarquía; definitivamente a Juan Carlos y a los borbones les acompaña la mala suerte desde siempre: cuando parecía que le tocaba heredar la corona, lo exilian, las infantas morían muy jóvenes, y las madres abortaban. Aunque no podemos decir que Juan Carlos no sea cínico y perseverante: conservó contra viento y marea su ambición de ser rey y su amor por las armas; aún cuando, -en una historia poco mencionada en España-, a los 18 años el entonces príncipe Juan Carlos mató -se supone que accidentalmente- de un tiro en pleno rostro a su hermano menor de 14, mientras jugaban. El luto llenó -una vez más- a la familia real exiliada. Le comunicaron la noticia al por esos años líder de España, el dictador Franco. Franco, lacónica, certeramente dijo: "A nadie le gustan los príncipes con mala suerte". No soy fan de Franco, pero tenía razón; ni a su hermano entonces ni a España ahora le conviene seguir teniendo a este príncipe con mala suerte.


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