miércoles, 25 de diciembre de 2013

El hombre que inventó la Navidad

El hombre al que debemos la creación de la Navidad usaba larga barba y bigotes blancos, y nació hace muchos años; pero no, no es -evidentemente- Santa Claus. 

Pues ´si, la aberración: imagen de nacimiento,
con el niño dios y Santa en una sola. ¡Malditos taiwaneses! 


Cuando empezó, el cristianismo era una perseguida secta que se extendió por el imperio romano, y logró su legalización en 313, gracias al emperador Constantino. Con esto, Constantino se convirtió en el último emperador pagano y el primero cristiano; decidido a imponer el cristianismo, hizo toda clase de cambios legales y hasta culturales, con tal de hacer olvidar a los dioses paganos y fomentar a los cristianos, llegando a sustituír fiestas paganas muy populares por fiestas crsitianas. Así, el 21 de julio se celebraba al dios Apolo, y Constantino ordenó que ese día se celebrara a San Juan.

¡Esas eran fiestas! Apolo y Dafne. 

Astutamente, Constantino no canceló las fiestas paganas, sabiendo que esto acarrearía protestas; en vez de esto, las suplantó con deidades cristianas. Realizó esta práctica hasta su muerte, en 337.

Constantino, el primer emperador cristiano, y el último pagano 

El papa al morir Constantino era Julio I, quien continuó con esta estrategia. Y Julio I sabía que la fiesta más popular en el imperio era el Sol Invictus. Ya hemos comentado que la Navidad no se festeja en todo el mundo, pero el solsticio de invierno, sí, bajo diferentes nombres. Pues el Sol invictus era la versión romana de la fiesta del solsticio de invierno. En el Sol Invictus se perdonaban las deudas y a los enemigos, se ofrecía un gran banquete, y se intercambiaban regalos. Era una gran fiesta, pues el solsticio de invierno representa el reinicio de un ciclo, el triunfo de la luz sobre la oscuridad, y la esperanza. ¿Les suena familiar?

Estatua del Sol Invictus.
Apolo resurge en su carro triunfando soibre las tinieblas. 

El nuevo papa Julio entonces se lanzó a aplicar a fondo la táctica de Constantino, y lanzó su mejor carta: al ser, de hecho, la fiesta más popular en el imperio romano, el Sol invictus no podía ser substituído simplemente por un santo u apóstol; Julio I debía echar toda la carne al asador; así que decidió establecer como la fecha del nacimiento del mismísimo Jesús el 25 de diciembre, el día del Sol Invictus.


Natividad del Señor, de Il Moreto. 

Pero había varios problemas: nunca se ha sabido con exactitud la fecha del nacimiento de Jesús; la Biblia y la tradición no lo indican. Aunque desde esas épocas, se tenía la seguridad de una cosa: tendría que haber sido en junio ó julio, que es cuando los pastores sacan a pastar a su rebaño; no en diciembre, en pleno invierno.




Otro problema es que la Navidad, el nacimiento de Jesús, ya tenía un día: el 6 de enero; fecha conocida hasta hoy como la Epifanía de Jesús. (Epifanía quiere decir aparición o manifestación). ¿Tendría que renunciar a su proyecto el Papa? Pues no; Julio I decidió mover de todos modos la fecha del nacimiento de Jesús al codiciado 25 de diciembre, y le nombró Natividad. ¿Y qué pasó con la Epifanía? Bueno, no olvidemos que todavía no empezaba la edad media, así que las mentes romanas aún eran ágiles y plenas de sofismo griego, por lo que se halló una solución genial: ¡Se conservaron ambas fechas como las del nacimiento de Jesús! Simplemente se dijo (argumentación que mantiene la Iglesia Católica hasta ahora) que el 25 de diciembre, la Natividad, se celebra el nacimiento físico de Jesús, y el 6 de enero, la Epifanía, es el nacimiento espiritual.

Julio I, el verdadero
inventor de la Navidad. 
Así, el verdadero padre de la Navidad no es Constantino, ni claro Santa Claus; sino otro barbón: Julio I, quien al hacerlo le dió dos cumpleaños a Jesús; mismos que la Iglesia católica sigue celebrando hasta hoy.  Aunque popularmente es más celebrada -claro está- la Navidad, el 25 de diciembre...¿ó mejor debería decir (al estilo Scooby-doo): Sol Invictus?
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