sábado, 16 de noviembre de 2013

¡Qué buen soundtrack tiene esta revolución!

La revolución francesa tiene varias cosas que la hacen especialmente grata para mí: la odian -y envidian- los anglosajones, expuso las ideas de igualdad, fraternidad, libertad y de derechos humanos como algo universal y básico, fué la primera gran victoria de lo que se conocería después como la izquierda, y finalmente, es una revolución con un gran fondo musical; inspiró dos de las mejores composiciones de todos los tiempos.

Beethoven 



La primera, claro está, es la marsellesa, el himno compuesto especialmente para la ocasión. Luego de que la revolución francesa decapitara a Luis XVI ya María Antonieta, los reyes de Austria, Prusia e Inglaterra se uniron para aplastar a la joven república, y evitar que se propagara el mal ejemplo de andar ejecutando reyes.

La primera interpretación de la marsellesa. 

La Marsellesa, compuesta con la intención de animar a las tropas revolucionarias contra las fuerzas imperiales, fue un éxito inmediato. Se cantaba con entusiasmo entre las tropas, y rápidamente fue acojida como el himno de la revolución, y de la libertad, la igualdad y la fraternidad. En las épocas en que fue restaurada en francia la realeza, se prohibió terminantemente; luego, a partir de 1870, fue reconocida como el himno nacional francés; hasta 1940, en que las guerzas nazis que ocupaban Francia la volvieron a prohibir; conviertiéndola de nuevo en lo que siempre fue: un himno subversivo, de rebeldía. Finalmente, en 1945, con la libertación de Francia, vino también la del himno de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Actualmente, se le considera el himno nacional más hermoso.




La segunda composición es aún más alta y poderosa, en todos los sentidos; pues es obra de uno de los grandes genios de todos los tiempos: la 3a sinfonía de Beethoven. Compuesta entre 1802, y 1803, Beethoven (quien era prácticamente de la misma edad de Napoléon) sentía gran admiración por la Revolución Francesa y especialmente por los ideales que ésta encarnaba; personalizados en Napoleón, en esos momentos el gran defensor de la revolución y salvador de Europa. Así que Beethoven le dedicó la sinfonía, que originalmente llevaba su nombre; pero poco antes del estreno, en un giro de los acontecimientos, Napoleón se coronó a sí mismo emperador, ocasionando la desilusión y furia de Beethoven, quien borró con un lápiz el nombre de la sinfonía tan fuerte, que hiso una razgadura en el papel, y le puso el nombre de heróica, o Sinfonía heroica, compuesta para festejar el recuerdo de un gran hombre (Sinfonia eroica, composta per festeggiare il sovvenire d'un grand'uomo). ¿Qué gran hombre? Pues el gran hombre que alguna vez,  para Beethoven , fue Napoleón.

Napoleón de joven; cuando era cool

Hermoso. Si un hombre traiciona un gran ideal, no significa que el ideal esté mal; sólo está mal el hombre. El ideal, sigue.

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