miércoles, 6 de noviembre de 2013

Mensaje a García. El texto más publicado de la historia...

Éste es uno de los escritos más reproducidos de la historia; fue hecho el último año del siglo XIX, en 1899, por el periodista norteamericano Elbert Hubbard. Estaba destinado a simplemente rellenar un espacio perdido en la página 14 de la edición del lunes de un periódico, y a los pocos días se convirtió en un fenómeno -hoy le llamaríamos viral- y fue reproducido millones de veces, llegando a países como Rusia, Japón, Francia, Turquía, España o China. Llegó a más de 40 millones de reproducciones, convirtiéndose en ese momento en el texto más publicado de la historia, estando vivo su autor.



El Mensaje a García

De las historias de guerra que conozco hay una que destaca en mi memoria como la luna llena en una noche oscura.
Es la Historia del Mensaje a García.
Cuando estalló la guerra entre España y Estados Unidos, era necesario comunicarse rápidamente con el cabecilla de los insurgentes. García se estaba resguardando en alguna parte de las montañas de Cuba, nadie sabía donde, ningún correo ni mensaje podrían llegarle. El presidente de los Estados Unidos necesitaba su cooperación y pronto.

  
¿Qué hacer?
Alguien le dijo al presidente: “Hay un individuo de nombre Rowan que encontrará a García, si es que alguien puede hacerlo”.

 Rowan fue llamado y le dieron una carta que debía entregar a García. ¿Cómo el “individuo llamado Rowan” llevó la carta sellándola en su saco de piel aceitosa, chichándosela sobre el corazón?  He aquí lo sencillo de su hazaña: cuatro días después desembarcó por la noche en las costas de Cuba y desapareció por la selva, para salir tres semanas más tarde, del otro lado de la isla. Cómo recorrió a pie un país hostil y entrego la carta a García, son cosas que no deseo contar en detalle. El punto que me interesa señalar es éste: Mckinley le dió a Rowan una carta para ser entregada a García, Rowan tomó la carta y la entregó a García sin preguntar: ¿A dónde esta él?, ¿Qué barco me llevará?, ¿Y después que hago?, ¿Y si no lo encuentro?.



¡Por Dios!. Este hombre merece sin duda perpetuarse en bronce y colocar su estatua en todos los colegios del globo terrestre.
No es la enseñanza de los libros lo que la juventud necesita, ni instrucciones sobre esto o aquello, sino la virilidad de espíritu que les inspira responsabilidad en sus cometidos, acción rápida, concentración de energía y desempeño de la tarea: “Entrega un Mensaje a García”.
Rowan ha muerto ya, pero aún quedan otros García.


Ningún hombre que haya pretendido llevar a cabo una empresa que requiera muchas personas para acometerla, podrá haberlo logrado con la ineptitud de la mayoría de sus ayudantes y la incapacidad y la falta de voluntad para concentrar la atención en una cosa y hacerla. Por regla general, se tropieza con ayuda ineficaz, falta de atención, indiferencia y poca voluntad y nadie prospera a no ser que por medios propios o impropios, e incluso amenazas quizá fuerce o soborne a los otros a ayudarle, o que dios en su infinita bondad, efectúe un milagro y mande a un ángel de luz en su ayuda.
Lector, haz una prueba de esto:
Supónte que estás en una oficina donde dispones de seis ayudantes. Llama a cualquiera de ellos y pídele que busque en la enciclopedia y realice una breve reseña de la vida de Correggio.

¿Crees que el empleado dirá sencillamente?, “Si señor”, ¿Y procederá a terminar la tarea?. De ningún modo. Lo que hará será fijar una mirada de duda y hacer una o varias de las siguientes preguntas:
¿Y quién fuese ese?, ¿En qué enciclopedia lo busco?, ¿Dónde esta la enciclopedia?, ¿Es mi obligación, o le corresponde a fulano? ¿Por qué no manda usted a Carlos que está más cerca de la biblioteca?, ¿Está muerto?, ¿Lo quiere para hoy?, ¿Le traigo el libro para que lo busque usted mismo?, ¿Para qué necesita usted esta información?.
Madonna de Coreggio 1517 
Y apuesto diez contra uno, que después de haber contestado todas estas preguntas y de explicar cómo se pueden encontrar los informes deseados y para qué se necesitan, el empleado todavía solicitará la ayuda de otro de sus compañeros para encontrar a Correggio y, al final, le dirá que no existe tal individuo. Puede que pierda mi apuesta, pero por termino medio creo que ganaré.
Ahora bien, si eres prudente, no te molestarás explicando a tu empleado que Correggio esta registrado bajo la letra C y no bajo la K, sino que tras un “no importa”, buscaras tú mismo lo que necesitas.
Venus, Cupido y Sátiro. Correggio 1523 
Esta incapacidad de independencia de acción, esta estupidez moral, esta enfermedad de la voluntad es lo que pone al triunfo a una distancia muy lejana. Y si el hombre no se esmera en beneficio propio, ¿qué será tratándose del beneficio de la comunidad?.
Parece necesario tener el palo del capataz; el miedo de ser despedido el fin de semana, para hacer que muchos conserven su puesto.
Se solicitan los servicios de un taquígrafo y de diez de los solicitantes, nueve de ellos no sabe escribir ni conoce la puntuación, ni creen necesario tener conocimientos. ¿Podría algunos de estos individuos entregar el “Mensaje a García”?.

-“¿Ve usted a ese contador?”- Me preguntaba el encargado de una gran fábrica. -“¿Si, qué tiene?”. -“Pues es muy buen contador, pero si lo mando a la ciudad con cualquier encargo, tal vez lo desempeñe a satisfacción, paro tal vez se detenga en cuatro cantinas en el camino y al llegar a la calle principal se le olvida a que lo mando”.
¿Podría confiarse a un hombre de estos la entrega de “Un Mensaje a García”?.
Mucho se oye de la compasión que inspiran los infelices faltos de trabajo que anhelan un empleo honesto y de la antipatía con que se mira a los patrones. Pero nada se dice del patrón que envejece prematuramente por sus esfuerzos en conseguir servicios hábiles y la paciencia que tiene que desplegar para aguantar los servicios de la gente incompetente. El patrón está constantemente despidiendo empleados que han demostrado su incapacidad y sustituyéndolos por otros. No importa cuál sea la situación de los negocios, estos cambios se registran constantemente, sólo que cuando los tiempos son malos, la elección es más cuidadosa. El interés propio obliga a los patrones a conservar a los mejores empleados, aquellos que sean capaces de entregar “Un Mensaje a García”.

Conozco a un individuo de relevantes dotes que es incapaz de conducir un negocio propio y es absolutamente inservible para el de cualquier otro, porque siempre tiene la idea de que el patrón le está oprimiendo o trata de oprimirlo. No puede dar órdenes ni recibirlas. Si acaso se le encargara de llevar el “Mensaje a García”, su contestación seria: “lléveselo usted mismo”.
Esa misma noche, este hombre busca trabajo pero nadie que lo conozca se atreve a emplearlo, pues es una fuente de constante disgusto.

Es natural que un hombre tan moralmente deforme, inspire la misma compasión que un jorobado, pero al compadecerlo, acordémonos también de los infelices que se esfuerzan por llevar a cabo grandes empresas, cuyas horas de trabajo no se rigen por los silbatos de las fabricas y cuyas cabezas encanecen por los esfuerzos para contrarrestar idioteces e indiferencias de los empleados, que sin ayuda, estarán faltos de pan y de hogar.
¿Es mi lenguaje demasiado duro?. Posiblemente sí, pero mi deseo es el de expresar mi admiración por los que obtienen éxito en la vida.

La pobreza no tiene en si nada de excelente y los andrajos no son recomendación; y los principales también pueden ser malos y avarientos como los pobres pueden ser virtuosos.
Mi simpatía está con el empleado que desempeña su trabajo tanto cuando el patrón está presente como cuando está ausente y con el hombre a quien le da “Un mensaje a García”, y sin hacer preguntas idiotas procede en entregarlo, sin intención de arrojarlo a la primera alcantarilla, y con aquel que nunca tendrá que declararse en huelga para obtener mayor salario.

Esta es la clase de hombres que se necesitan y a los cuales puede negarse. Son tan escasos, que ningún patrón consentirá en dejarlo ir.
Se les necesita en todas las ciudades, pueblos y aldeas, en todas las oficinas, talleres, almacenes, fabricas y demás.
El mundo entero los llama a voz en cuello y los necesita; necesita al hombre que pueda entregar un “Mensaje a García”.

 El ensayo de Hubbard usa como ejemplo una acción durante la guerra Hispano-Estadounidense, guerra que me parece injusta y predadora; pero también creo que aún entre los nazis, los estadounidenses, los israelitas o cualquier otro ejército invasor, hubo y hay personas cuyas acciones individuales son nobles y ejemplares, independientemente del bando para el que luchaban, y merecen ser destacadas. Ni lo más obscuro es completamente negro, ni lo más claro es completamente blanco.


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