domingo, 17 de noviembre de 2013

Los disturbios de Stonewall, la insurrección homosexual

Hubo una vez, en la época de la guerra fría, un obscuro estado policiaco que perseguía a las personas por su manera de vestir. De la misma manera, usar el cabello largo si eras hombre, o corto, si eras mujer, era duramente atacado por los medios y la sociedad. Ya ni mencionamos el hecho de ser gay; eso significaba un delito duramente perseguido. A diferencia de los países del otro bloque, que si bien no simpatizaban con los gays, eran bastante más permisivos, en este país se les perseguía, se les arrestaba, y se les exhibía públicamente. Extrañamente, este país gustaba -y gusta- de llamarse a sí mismo "la tierra de la libertad  y de la igualdad"; pero sus leyes y su sociedad discriminaban y menospreciaban a los negros, gays, mujeres, latinos, morenos, católicos, y en general, a todo aquel que no era de la raza, religión, sexo y costumbres adecuadas. Esa hermosa patria de la represión y la censura era (es) los Estados Unidos. El año, 1969. 

Una redada anti-gay en Estados Unidos, en 1969 




En ese año (y desde su fundación, en 1776), ser gay en Estados Unidos significaba esconderse, pues era socialmente repudiado, y legalmente castigado; si la policía te cachaba siendo gay, te arrestaba, dejándote un antecedente penal de por vida;, exponía al escarnio público tu foto en el periódico, y dependiendo de el estado, podrías ir a la cárcel o al psiquiátrico a que te trataran, pues en Estados Unidos la homosexualidad fue considerada enfermedad mental hasta 1973, y curada con terapia electroconvulsiva.

Trasvestis arrestados y expuestos al público  

A pesar de la prohibición, por supuesto, había homosexuales, que se reunían en bares casi legales a bailar, beber y simplemente, encontrarse. Estos bares eran generalmente propiedad de la mafia italiana, a quien en realidad no le importaba quién entrara al bar, así fuera el diablo o la virgen, siempre y cuando bebiera y pagara, por lo que se formaron semiclandestinas comunidades gays alrededor de ellos. A estos bares acudían gays, trasvestis, transexuales, y hasta muchachos de la calle, que iban a que los homosexuales les invitaran algún trago y quizá ganar dinero con algo más.


Chicos gays, blancos, negros, y
de la calle, del bar Stonewall Inn 

Así como hoy día terminar con la drogadicción y la prostitución son frecuentes promesas de campaña, entonces los alcaldes prometían poner freno a las insolencias de los negros y a las obcenidades de los homosexuales; así que eran comunes las redadas sorpresa en esos bares, en orden de una al mes en promedio, para arrestar gays e incautar alcohol. No era infrecuente que se revocara la licencia de venta de alcohol a estos bares, pero bastaba un arreglo con la honesta policía para seguir en el negocio. De hecho, las redadas anti-gay se habían vuelto una farsa tan rutinaria, que éstas se realizaban temprano, y en la noche el negocio ya estaba reabierto y funcionando normalmente como si nada hubiera pasado.

Homosexuales arrestados
en una redada anti-gay en los 60s 


Por supuesto, estas redadas eran frecuente motivo de abusos y extorsiones, y regularmente los miembros de la comunidad gay eran expuestos públicamente, o golpeados y arrestados. La inconformidad hacia ese estado de cosas crecía.

El Stonewall Inn en 1969 

El 28 de junio de 1969, en Nueva York, se llevó a cabo una redada más; esta vez, en el barrio de Greenwich Village, ubicado por la policía por ser un pernicioso nido de homosexuales, escritores, artistas y gente aún peor. La redada se llevó a cabo exactamente en el Bar Stonewall Inn, a la 1:20 de la madrugada.
En una redada típica, algún informante pagado por la mafia -en particular, el Stonewall Inn era propiedad de la familia Genovese- daba el pitazo de que ocurriría una redada, y entonces se prendían las luces -normalmente el bar estaba en penumbras- y los clientes dejaban de tocarse si era el caso, y se cambiaban a la ropa adecuada. Entraba la policía, ponía a todos en fila, se les pedía sus documentos, y las policías mujeres cateaban a las personas que llevaban vestido; si eran hombres, eran arrestados, y lo mismo si una mujer era sorprendida con ropa de hombre. Se incautaba el alcohol -el  Bar Stonewall Inn no tenía licencia para venderlo; vaya, ni siquiera para estar abierto- se subía a los arrestados a las patrullas, se retiraban, y la actividad se reanudaba normalmente.

 El Stonewall Inn en plena actividad en 1969  

Pero esta redada fue distinta. Se comenzó el cacheo de los clientes, pero había clientes nuevos, que estaban desconcertados, e intentaron resistirse; junto a ellos, había hombres, que estaban vestidos de mujer, y se resistieron a ser cacheados. Los clientes que ya habían salido, esta vez permanecieron afuera del local, en lugar de irse, como era lo común; a estos se unieron más transeúntes que se quedaron a ver, llegando a ser 200 o 300 personas.  La disputa entre los clientes que se resistían crecía adentro, y cuando fueron sacando a los homosexuales arrestados, hubo algo nuevo, algo que nadie dijo en ese momento, pero todos los que estuvieron presentes están de acuerdo en que se sentía: indignación, indignación contenida de años de vejaciones. 



Entonces sacaron rudamente a una lesbiana, que se quejaba de que estaban demasiado apretadas sus esposas; la policía hizo caso omiso, e intentó meterla a la patrulla, mientras ella se resistía; entonces le gritó a la creciente multitud: "¿Qué les pasa? ¿Porqué no hacen algo?" Entonces, en algún lugar, alguien gritó que los policías hacían eso porque los Genovese no habían pagado el soborno semanal. Otra persona gritó: "¡Pagémosles entonces!" Y todos comenzaron aventarles monedas a la policía. Ahí comenzó todo. Unos, se lanzaron a las patrullas, intentando voltearlas; otros, liberaron a los que estaban arrestados, y todo se convirtió en una batalla campal entre la gente y la policía.


Al ser grandemente superados en número, comenzaron a retroceder, y pidieron refuerzos. De una gresca, se convirtió en una verdadera insurrección popular: gente ajena a la vida gay, transeúntes, vecinos y hasta turistas se unieron a insurrección, que creció por varias calles; duró 4 ó 5 días, en que  hubo enfrentamientos con la policía, y se quemaban botes de basura, patrullas y comercios.

La única foto tomada la primera noche
de los disturbios del  Stonewall Inn;
los chicos de la calle, enfrentándose a la policía. 


Inéditamente, para un tema gay, la revuelta apareció en los principales periódicos de Nueva York; incluso en primera plana. Y por primera vez, se comenzaron a organizar grupos gay, que imprimían panfletos y boletines informativos. El movimiento gay estaba en marcha, y ya nunca más se ha detenido.



¿Los disturbios de Stonewall sirvieron de algo? Como todas las manifestaciones, los resultados pueden ser inmediatos, pero también pueden ser graduales: en 1973 la asociación médica norteamericana retiró a la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales; y progresivamente se les ha reconocido su derecho a ser tratados con igualdad. Los disturbios de Stonewall fueron el inicio del movimiento gay que logró todo eso. Pero probablemente el logro más importante lo dijo uno de los manifestantes de Stonewall: "Los gays, de tocar a hurtadillas en una oscura puerta por una ventanilla a la medianoche, ahora estamos en la calle, sin tener que ocultarnos, sin miedo y a la luz del día. Lo más importante, es la libertad."


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