jueves, 7 de noviembre de 2013

La Coronela, la transgénero que peleó en la revolución y tuvo varias amantes

Son 600 hombres, listos para entrar en la batalla, en un episodio más de la sangrienta revolución mexicana. Esperan sólo las órdenes del coronel. Éste aparece en su caballo, y pasa inspección rápida a las tropas. Hace algunos ajustes. El coronel regaña a un oficial que estaba en un lugar incorrecto, y se dispone al ataque. Todo sería una escena normal de la Revolución mexicana, de no ser porque el recio coronel es una mujer, y todos lo saben. El coronel desde los 21 años viste como hombre, se hace llamar Amelio, y está dispuest@ a balear a quien le llame de otro modo.

Amelia Robles a lso 20 años. 



Bautizada como Amelia Robles Ávila, nació en un pueblito del estado de Guerrero y desde muy pequeña mostró rebeldía por seguir el rol femenino tradicional. Retaba -y superaba- a los hombres, en varias labores generalmente reservadas a ellos, e insistía en ser tratada con el respeto y dignidad que en esa época sólo los varones tenían.

Ejército revolucionario.  

La manera en  la que se unió al ejército revolucionario de Zapata es confusa: una versión cuenta que su padrastro -al cual juró matar, intentándolo, de hecho, en dos fallidas ocasiones- quiso obligarla a contraer matrimonio. Amelia entonces huyó, aprovechando el paso por las cercanías del ejército del Sur.
La otra versión, más romántica, dice que en realidad Amelia habría raptado a la bella hija de un rico hacendado; perseguida, se dió a la fuga, refugiándose en el ejército.
La tercera y a mi parecer, no menos romántica, es que Amelia se unió a la lucha simple y sencillamente porque se le dió la gana; porque como los marineros, sólo fuera de casa podría ser como verdaderamente deseaba ser. Lo confirma en una entrevista que concedió en 1927, cuando le preguntan porqué se unió al ejército:
- Por una mera locura de muchacha. Fue una aventura como cualquier otra...
- ¿Y qué sensación experimentó usted, al encontrarse en plena aventura?
- La de ser completamente libre ...

El ejército revolucionario del sur.
La coronela Ameli@ Robles, al centro. 

De lo que sí hay certeza es que en 1911, como dice la expresión, Amelia Robles se unió a la bola: ingresó al ejército zapatista. Tenía 20 años. Lo notable del caso de Amelia es que no se unió al ejército como las célebres Adelitas o soldaderas, mujeres que, aunque tuvieron un papel importante en la revolución, y llegaron a tomar las armas, mantenían principalmente el tradicional rol femenino, y por lo tanto, hacían básicamente de enfermeras, cocineras, esposas, amantes o madres de los soldados; Amelia no fue soldadera; entró desde un principio como soldado. Entraba a las batallas y se arriesgaba a la bala y el cañón. Tuvo varias amantes, y se casó finalmente con Ángela Torres, con quien adoptaron una niña.

Las mujeres, antes y durante la
Revolución Mexicana: Cocineras, amantes, sirvientas. 

Por su valor, fue ascendiendo posiciones, hasta llegar a mayor, y finalmente, al grado de coronel.
Pero Ameli@ no era sólo valiente; también era muy astuta. En una ocasión, luchando contra las fuerzas de Huerta en el pueblo de Tlacotepec, éstos se vieron superados por La coronela, y se refugiaron en el atrio de la iglesia, siendo imposible hacerles salir sin destruir el templo, cosa impensable para ambos bandos.
Entonces Ameli@ llamó a su Capitán, Guevara:
-Vas a ir a la tienda de don Crescencio Vega por el arma con la que vamos a rendir a estos pelones rapidito. Ve y le dices que te mande un costal de chile; pero que antes le vacíe un chorro de petróleo, a modo que el petróleo entre todito en el costal.
Una vez con el costal, Ameli@ le prendió fuego, y mandó que lo aventaran dentro del atrio. El humo del chile era tan insoportable, que los sitados salieron, efectivamente, en pocos minutos, llorando casi ahogados. La plaza fue tomada.

Uno de tantos grupos sublevados
en el sur en la Revolución Mexicana. 

En 1918, en uno de tantos giros de la Revolución Mexicana, ya expulsado del poder hacía tiempo el odiado Huerta, el ejército zapatista también comenzó a ser vencido y dividido. Acogiéndose a una amnistía, se rindió con su tropa de 315 hombres, participando en la pacificación de la región; y finalmente, en 1924, se retiró a la vida privada.  A partir de entonces, comenzó a vestir y comportarse exclusivamente como hombre; exigiendo ser tratad@  como tal; firmaba y respondía al nombre de Amelio, y sólo consentía a algunos muy cercanos, ya pasados de copas, que le llamaran coronela.   Sólo regresó en 1939 a las armas cuando se unió a la sublevación por uno de tantos fraudes electorales en México. En 1940 volvió a amnistiarse, y esta vez ya no regresó a la lucha.

Fotografía de La Coronela, Ameli@ Robles. 


Pero Ameli@ es doblemente revolucionaria; en primera instancia por su lucha armada, ya contada, y la segunda, por una lucha probablemente más difícil, dado que esta vez se enfrentaba a todos. En 1950, en un hecho sin precedentes en el país, tal vez en latinoamérica, y probablemente en el mundo, logró que la Secretaría de la Defensa Nacional le expidiera de manera oficial documentos de identidad con el nombre de Amelio Robles, y con el título de Coronel. 50 ó 60 años antes de que siquiera se hablara de el tema, Ameli@ se convertía en la primera mujer transgénero reconocida legalmente en México. Al fin, era "El coronel Amelio Robles", o "El señor Robles" de manera oficial.

Fotografía de Amelio Robles
en su documento militar oficial.

Recibió diversas condecoraciones, como "Legionario", "Veterano de la revolución", y al "Mérito Revolucionario", sin contar las tres estrellas de su rango militar otorgadas por Emiliano Zapata.
Murió a los 95 años de edad, en 1984. Fue enterrada con merecidos honores militares, aunque pidió que la sepultaran con vestido de mujer, para poder entregarle su alma a dios.



Nos cuenta Melville que en siglo XIX,  mientras que en tierra se discriminaba y esclavizaba a los negros, en cambio, si éstos formaban parte de la tripulación de un barco ballenero, perdían su condición servil, y se les consideraba exactamente igual que a los demás, se les trataba y pagaba igual que a todos. En el mar, dejaban de ser negros, o amarillos, o rojos o blancos: eran simplemente humanos, con los mismos derechos que resto de la tripulación. Ameli@ quería eso al unirse a la revolución: ser libre, ser tratada igual, tener la misma dignidad. Lo logró.
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