miércoles, 20 de noviembre de 2013

Fotografías sangrientas de la sangrienta revolución mexicana

La revolución mexicana, cuyo inicio se conmemora precisamente hoy, 20 de noviembre, fue la más sangrienta gesta que haya tenido lugar en suelo mexicano: los especialistas estiman que en Revolución Mexicana murieron entre 1.9 y 3.5 millones de personas, entre civiles y soldados. La fotografía ya entonces no era un medio tan nuevo, pero tenía la novedosa posibilidad de las cámaras portátiles, que permitieron obtener imágenes que reflejaron la terrible matanza que fue esa guerra. (Advertencia: las imágenes a continuación pueden ser fuertes)

Aspecto de la plaza mayor de la Ciudad de México (Zócalo)
luego de la Decena Trágica (El golpe de estado de Victoriano Huerta contra Madero)





Pueblos enteros eran desplazados por la contienda. 


Cadáver incinerado en la vía publica.
Durante la Revolución los servicios más comunes se suspendían,
y al no haber quién dispusiera de los cadáveres, se incineraban in-situ. 

Pila de cadpaveres al final de una batalla. 


Edificio balaceado y bombardeado luego de un enfrentamiento. 




Atendiendo a los heridos. 




Niño soldado. 

Algunas de las municiones que se usaban en una sola batalla. 

Las tropas descansaban y dormían donde buenamente podían. 

Soldados federales muertos en sus puestos. 

Fusilamiento de parte de federales.
Es de notar la serenidad y valentía del ajusticiado. 

Enorme pila de cadáveres a incinerar. 

Aspecto del campo luego de la batalla. 

Fosa común. 

Una batalla más. 

Más cadáveres de la decena trágica.
Aquí, unos civiles; aparentemente,
uno de ellos una elegante dama que parece sólo dormir. 

El cadáver de Venustiano Carranza.
Fue asesinado mientras era todavía oficialmente Presidente de la República. 

Cadáver de Pascual Orozco, singular caudillo revolucionario,
que peleó en uno y otro bando de la Revolución. 

Mujeres revolucionarias. 


Literalmente, carretonadas de cadáveres. 

Con esta macabra galería, cerramos la temporada de Revolucionarios y rebeldes; y seguimos, como decía el Ché, ¡Hasta la victoria, siempre!
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