domingo, 10 de noviembre de 2013

El buen héroe se muere a tiempo: Voltaire el revolucionario.

Las frases de sus libros fueron usadas como consignas y máximas populares para gritar durante las marchas y las batallas de la revolución francesa, pues describían el espíritu mismo de la lucha. Sólo que todas ellas fueron escritas por un perfecto aristócrata y cortesano. Voltaire era un conocido pensador, mujeriego, escritor y noble francés, que gustaba de la vida placentera de la corte. Sin embargo, también creaba, de vez en cuando, obras de teatro y escritos que eran prohibidos por sus contenidos obscenos o contrarios a la religión, o a la moral, o a la realeza, todo lo cual, en esa época, era lo mismo.



De hecho, se le pasó la mano en un par de ocasiones, motivo por el cual fue expulsado de Francia, aunque después logró regresar con mayor gloria, como el futbolista que vuelve al club del cual nunca debió salir. François Marie Arouet, conocido como Voltaire, murió en la fama, en la riqueza, y es esperable, dado sus confesas aficiones, en medio de las más deplorables orgías, el 30 de mayo de 1778, once años antes de que estallara la revolución francesa. (No pierdas de vista este último dato, querido y atento lector)




¿Cómo es que los textos de un conocido cortesano y aristócrata terminan siendo la inspiración para los revolucionarios?

Por dos razones principales:
De los escritos de Voltaire salen frases como:

Los mortales son iguales; no es el nacimiento, sino sólo la virtud lo que hace la diferencia
ó
La libertad está grabada en mi corazón, y el horror a los reyes.

Voltaire defendió toda su vida la tolerancia y la igualdad de oportunidades, peligrosas ideas que también la revolución francesa enarbolaba.



Pero su pensamiento liberal no bastó para erigirlo como una especie de profeta de la Revolución francesa, creo, que especialmente, el mayor acierto de Voltaire es que tuvo el buen tino de morir a tiempo: una década antes de que en Francia fuera políticamente incorrecto ser noble; por lo que su imagen permaneció intacta, intocada, ya no como la de el aristócrata (que sí fué) sino como la del pensador aniclerical, antirealista, humano y liberal. Hasta para morir, dicen, hay que ser oportuno. Dicen que si Porfirio Díaz se muere 5 años antes, hoy sería considerado uno de lo grandes héroes mexicanos, y no uno de los grandes villanos; y por el contrario, si Benito Juárez se muere un año después, hoy sería un villano. Oportunidad y tino se necesita para todo, hasta para morir.


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