martes, 8 de octubre de 2013

¿Qué pasa si muere el presidente?

Si algo nos enseñaron las películas de Hollywood, como Avión Presidencial (Air Force One), es que si al Presidente de Estados Unidos le llega a pasar algo, inmediata y automáticamente es substituído por el Vicepresidente. Este procedimiento ha tenido lugar en la vida real, con el asesinato de John F.Kennedy, sucedido por su Vicepresidente Lyndon B. Johnson, o con la renuncia de Nixon, sucedido por Gerald Ford.
Harrison Ford, Presidente de Estados Unidos en Avión Presidencial (Air Force One) 



Pero, ahora que estamos en una siniestra y misteriosa racha en la que varios presidentes latinoamericanos se han enfermado súbitamente de diversos tipos de dolencias, como Cristina Fernández, Presidenta de Argentina, operada hoy de un hematoma en el cráneo, o al Presidente de México, Enrique Peña, operado recientemente de un extraño nódulo en el cuello; nos asalta la duda. ¿Qué pasa si les pasa algo a los presidentes?

Hugo Chávez, Presidente de Venezuela hasta su muerte, en 2013. 

¿Quién sucedería a los diversos Presidentes iberoamericanos si algo les sucediera?


En Argentina existe la figura del vicepresidente, que en el caso de Cristina Fernández es Amado Boudou, quien de hecho, ha tomado el poder provisionalmente, mientras Cristina se recupera de la operación. Tal como contempla el artículo 88, si Amado Badou faltara también, entonces el Congreso determinaría al nuevo Presidente.

Cristina Fernández, Presidenta de Argentina 

Del mismo modo, en Bolivia, Brasil, Cuba, Colombia, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Panamá, Paraguay, República Dominicana, Uruguay, y Venezuela, si el Presidente muere, le sucede el Vicepresidente; si éste falta, el líder del Senado; y si aún éste falta, entonces el Presidente de la Suprema Corte.

Evo Morales, Presidente de Bolivia 

En Perú y Costa Rica al Presidente le sucedería un 1er vicepresidente, y en falta de éste, el 2° vicepresidente; y si ambos quedaran ausentes, el Congreso convocaría a elecciones.

En Honduras, según el artículo 242, si falta el Presidente, el Congreso Nacional elegirá al sucesor.

En España, una contranatura democracia monárquica, el Presidente de Gobierno es designado por el Congreso y aprobado por el Rey.

El rey caza-elefantes 

En Chile, en caso de muerte del Presidente le sucede el Vicepresidente, pero sólo de manera provisional, pues de inmediato debe convocar a elecciones.

Michelle Bachelet, presidenta de Chile 

Pero tales métodos son demasiado sencillos y eficientes; en el caso de México, la Constitución, en el artículo 84, prefiere deparanos algo más emocionante, y contempla un método extraordinariamente complejo e impráctico: Si el Presidente falta en los primeros dos años de su mandato, el Congreso nombrará un Presidente interino, que a su vez convocará a elecciones. Pero si el Congreso no se halla en sesiones en ese momento, entonces la comisión permanente del Congreso nombrará a un presidente provisional, que convocará al Congreso, para que nombre a un Presidente interino, que a su vez convocará a elecciones para elegir al nuevo Presidente.
Pero si la muerte del Presidente es dentro de los últimos 4 años de la presidencia, entonces el Congreso nombrará a un Presidente substituto que completará el período del Presidente fallecido. Si el Congreso no se encuentra en sesiones, la comisión permanente eligirá a un presidente provisional, que convocará a su vez al Congreso para que se erija en colegio electoral y elija al nuevo Presidente. En ambos casos, debe estar presente al menos dos tercios de la cámara, y el nombramiento debe ser por mayoría absoluta; por lo que podrían pasar varias semanas de arduas negociaciones para que alguien logre tal mayoría. Desastre asegurado.


Enrique Peña Nieto, el presidente con más gel (gomina) en el pelo que ha existido. 


Pero en México podemos estar tranquilos, ninguna dolencia puede matar a Enrique Peña Nieto; lamento faltar a la modestia, pero la ciencia mexicana es infinitamente superior a la del resto de los países americanos, como lo demuestra el coloquio que hubo entre un médico cubano, uno norteamericano y uno mexicano, con motivo de la reciente entrega de los premios Nobel:



"En mi país" -decía el cubano- "hemos avanzado tanto, que nació un niño sin piernas, le pusimos patas de caballo, y ahora es campéon olímpico". "Pues en my country" -decía el norteamericano- "nació un niño sin brazos; le pusimos manos mecánicas, y ahora es el mejor pianista". "Eso no es nada" -dijo el mexicano- "en mi país nació un niño sin cerebro, le pusimos gel,  y ahora es Presidente".






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