sábado, 7 de septiembre de 2013

La guerra del futbol. El gol que causó una guerra.

Cómo dos países llegaron a la guerra debido -en buena parte- a un partido de futbol.  En Centroamérica siempre ha habido una gran rivalidad en todos los órdenes entre los vecinos El Salvador y Honduras;  rivalizaban incluso en el hecho que hasta 1969, ninguno de los dos habían ido jamás a un mundial, y ansiaban un boleto. En las eliminatorias para el mundial de México 70, la oportunidad se presentó para ambas selecciones;  al no estar en la eliminatoria el gran gigante de la Concacaf, México, por ser el anfitrión, el único boleto disponible estaba más cerca que nunca. 




Tanto El Salvador como Honduras se sabían superiores a el resto de los aspirantes, y fueron avanzando etapas, eliminando a los demás... hasta que el caprichoso destino quiso que se enfrentaran en el juego previo a la disputa del ansiado pase al mundial. Ahora esa rivalidad se transladaría a el campo de juego.  La importancia del partido se decuplicaba: podrían ir al mundial por primera vez, venciendo, para mayor satisfacción, al odiado vecino.

Campo de inmigrantes salvadoreños presos en Honduras 

La tensión ya de por sí existía: previamente,ese año, miles de migrantes salvadoreños que desde hacía décadas se habían instalado en Honduras para trabajar como campesinos u obreros, comenzaron a ser expulsados debido a una ley agraria.

Los gobiernos bananeros de ambos países
acusaban mutuamente al otro de ser
ayudados por Fidel Castro

Aunque a la sazón, El Salvador era el país más industrializado de Centroamérica, no estaba preparado para recibir súbitamente a tal cantidad de gente, especialmente porque se les había despojado de todo; así que se originó una gran crisis económica y social en El Salvador.


La eliminatoria estaba pactada a dos partidos, uno en Honduras y el otro en El Salvador; pero no se contaban los goles, sino únicamente las victorias; es decir, daba lo mismo ganar por cinco goles que por uno; lo importante era ganar.

La selección salvadoreña del 69 

Como famosa y criminalmente hicieran en su momento los periódicos amarillistas de William Randolph Hearst en 1897, provocando la guerra entre Estados Unidos y España, ahora los medios de comunicación de ambas naciones se dedicaron a sembrar el odio mutuo. 


El primer partido fue el 6 de junio de 1969 en Tegucigalpa. El ambiente era extremadamente hostil; toda la noche, aficionados Hondureños amenazaron, apedrearon y lanzaron petardos a las ventanas de las habitaciones de los Salvadoreños. En el estadio había un ambiente semejante. Aunque a punto estuvo de no servir de nada la batalla psicológica previa: el juego iba a terminar, e iban empatados 0-0. Pero a unos segundos de finalizar el partido, logró anotar Honduras y ganar 1 a 0. Una aficionada Salvadoreña, no soportando ver en la TV como perdía su equipo, se suicidó. Todo estaba puesto para un infernal partido de regreso en el Salvador. Y así fue.

Aficionados salvadoreños y hondureños enfrentados en las gradas del estadio 

El partido fue el 15 de junio, en San Salvador. Los aficionados de el Salvador no se quisieron quedar atrás, y rompieron ventanas, aventaron ratas muertas, e incluso se metieron al hotel, obligando a los jugadores de Honduras a refugiarse en la embajada. No durmieron en toda la noche. El día del partido, se quemó la bandera de Honduras, y se usó un trapo en su lugar. Esta vez, la guerra psicológica rindió frutos; salvo que los propios jugadores de Honduras sabían que no era sólo psicológica: si llegaban a ganar, no saldrían vivos del estadio. El Salvador ganó 3 a 0. Estaban empatados una victoria a una; así que fue necesario un tercer partido de desempate en cancha neutral.

El Gol que ocasionó la guerra del futbol: el 3° de El Salvador contra  Honduras, en el Azteca en México.

Tal encuentro se hizo dos semanas más tarde, en la Ciudad de México, resultando ganador El Salvador 3 a 2 en tiempo extra.
Aunque el resultado no parecía  importar ya; para entonces el ambiente entre ambos países era insostenible. De hecho, el los vestidores, al terminar el partido, se les informó a los jugadores que probablemente habría guerra.

Los jugadores hondureños en los vestidores
del estadio Azteca en México,
al final del fatídico partido contra El Salvador. 

Los medios de comunicación de Honduras hervían en furia, azuzando a la población y clamando venganza por la eliminación; y los medios de El Salvador, pese a haber ganado, tampoco se conformaban: querían satisfacción por la muerte de varios aficionados salvadoreños durante los partidos; y especialmente por lo que consideraban un genocidio por parte de Honduras al expulsar a los campesinos del Salvador.


Inevitable, pero también, surrealistamente, dos semanas después del juego final, el 14 de julio, El Salvador lanzó sus fuerzas sobre Honduras, comenzando la que se conocería como la Guerra del futbol. Honduras, que estaba preparada emocional, pero no militarmente, fue sorprendida, aunque el ejército salvadoreño no logró avanzar demasiado. Luego, la OEA logró mediar rápidamente y el 20 de julio se declaró el alto al fuego.


La llamada guerra del futbol duró sólo 100 horas; pero fue muy relevante y sangrienta: dejó de 3,000 a 6,000 muertos; cerca de 130,000 salvadoreños indocumentados fueron obligados a regresar a su país, ocasionando una crisis de la cual El Salvador no se levantó fácilmente; ocasionó que tanto en Honduras como en El Salvador aumentara el poder del ejército en el gobierno, hasta que finalmente ambos países terminaron gobernados por dictaduras militares.

Refinería incendiada durante la guerra del futbol. 

Y aunque el futbol sirvió de pretexto perfecto para que los medios de comunicación impulsaran la guerra, en realidad los que maquinaron todo fueron los respectivos gobiernos de ambos países: los dos necesitaban ocultar sus graves incapacidades echándole la culpa a otro; en este caso, al vecino.

Después del conflicto, ambos países terminaron
gobernados por dictaduras militares. 

Después de la guerra del futbol, ambos países cortaron toda relación diplomática hasta 1979. Celebraron la reanudación de éstas... con un partido de futbol.



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