domingo, 22 de septiembre de 2013

Falsa publicidad vikinga. La magia de el nombre correcto.

Si hubiera existido departamento de medios o de comunicación en Noruega en el año 982, hubieran reportado a quien preguntara, que de momento, el marinero llamado Erik Thorvaldsson navegaba hacia el oeste en un viaje de placer. Pero en ese año no había tal departamento; y la verdad era que: Erick  Thorvaldsson no era exactamente marinero, sino un conocido asesino y pirata; en otras palabras, un vikingo; que no navegaba, siendo precisos, sino escapaba de la venganza de sus coterráneos vikingos en Noruega; y que ni siquiera era conocido como Erick Thorvaldsson; le decían Erick El Rojo; no porque tuviera el pelo de ese color; sino por toda la sangre que infamemente había derramado, y por la cual entonces se le perseguía en tierra firme. Aún ahora, la historia le conoce así.

Erik el Rojo es probablemente, el vikingo más famoso de la historia. 

Pero Erick el Rojo confiaba en que sus coterráneos pronto, en 8 ó 12 meses olvidaran esos pequeños detalles, y le perdonaran; después de todo, también eran vikingos, y tampoco se distinguían por su vida sosegada. Pero mientras eso pasaba, Erik ordenó a su tripulación ir a toda velocidad, hasta que escaparon de los barcos que lo perseguían. Lo hicieron tan bien, que pronto llegaron más lejos de lo que ningún otro barco vikingo había llegado; y aún entonces, mantuvieron el rumbo. Y Erik el Rojo tuvo su recompensa: de repente, divisaron tierra.



Aunque la palabra tierra es también una palabra excesiva que un publicista moderno usaría para este caso; en realidad era una enorme isla mayormente de hielo y piedra. La agotada tripulación hubiera preferido un lugar más agradable, pero aceptaron atracar en esa yerma isla para descansar y luego partir a mejor destino. Sin embargo, Erik el Rojo, como sus descendientes, los modernos banqueros, era dueño de una gran visión estratégica en todo lo que tenía que ver con la rapiña, y rápidamente vió el gran potencial que ese lejano peñasco ofrecía como refugio seguro al cual acudir luego de un saqueo.


Pero si simplemente construía un refugio y lo dejaba ahí, sería rápidamente destruído por el durísimo clima, además de que estaría desprovisto y mal equipado. Necesitaba que un grupo se quedara permanentemente en el refugio, así cuando llegara a él, habría comida caliente y ayuda disponible; y eso significaba establecer una pequeña colonia.



Construyó el refugio, y dejó a una parte de su tripulación en él, con la promesa de regresar rápidamente con decenas de personas dispuestas a vivir ahí.



Los que se quedaron tenían muy claro que ni siquera Odín podría convencer a nadie de que fuera a vivir a ese páramo desolado, pero por otro lado, tampoco tenían prisa por regresar al continente: también eran buscados por sus saqueos y asesinatos; así que aceptaron quedarse de manera provisional en el nuevo refugio.


Erik, prudentemente, regresó a otras poblaciones del contiente donde aún era bien recibido, y se dió a la tarea de buscar colonizadores para su nueva tierra. 


Y ahí mostró un genio para la publicidad que fue clave para el éxito de su empresa. No mintió sobre los defectos ni sobre las cualidades de su nueva colonia; aunque ciertamente tampoco los mencionó; simplemente dijo que había descubierto una nueva e inexplorada tierra, llena de oportunidades para quien quisiera tomarlas. La gente escuchaba, pero mantenía sus dudas; todo se oía muy bien, pero después de todo, Erik el Rojo era un aventurero, un asesino no muy conocido por su sinceridad.


Pero  Thorvaldsson tenía todavía una última, poderosa carta que jugar; como hemos comentado antes, en lo que hoy queda de la antaño capital mundial del automóvil, Detroit, corre el dicho de que lo más difícil a la hora de fabricar un auto es ponerle el nombre. Y mil años antes, Erick el Rojo ya lo sabía; y la clave, el punto principal del éxito de su improbable empresa, fue que supo elegir, precisa, genialmente, el nombre para su nueva colonia. Lo hizo tan exitosamente, que el nombre se sigue usando aún hasta la fecha. Los presuntos colonos, que vivían en un país perennemente nevado, al escuchar el nombre, perdieron toda duda, y se fueron a vivir a las nuevas tierras de Thorvaldsson. ¿El nombre que puso Erik el Rojo a esas tierras? Groenlandia, que famosa y mentirosamente, significa Tierra Verde. 

Vista actual (y de hace 1,000 años) del paisaje de Groenlandia 


Publicar un comentario