jueves, 12 de septiembre de 2013

El golpe a Allende, un golpe a los medios

En esta semana que dedicamos a la multidimensional fecha del 11 de septiembre, no podemos dejar de hablar del peor atentado ocurrido un 11 de septiembre: el golpe de estado y asesinato de Salvador Allende en 1973.

 


Claro que al ver los medios de comunicación sajones, esto parece inexacto: según History, CNN, Nat Geo, BBC, Times o hasta muchas televisoras latinas, el peor atentado es el de las torres gemelas.
Es ciertamente, un acontecimiento lamentable y sangriento, pero en las torres gemelas murieron apenas: 3,000 personas.


Salvador Allende y Pablo Neruda 

Sin embargo, el golpe de estado del 11 de septiembre en Chile es el inicio de la aplicación en gran escala de la siniestra Operación Cóndor; una operación  instrumentada por la CIA para erigir en toda América del Sur dictaduras dóciles a EEUU, anticomunistas, antidemocráticas, y que usaron el terrorismo de estado como instrumento de control; pues bien, estas dictaduras dejaron más de 50,000 muertos, 30,000 desaparecidos, y 400,000 presos y torturados.




Y un lamentable pero decisivo papel en todo esto lo llevaron los medios de comunicación.
Ya en la primera mitad del siglo XX estaba claro que para gobernar había que controlar los medios de comunicación, y esto vale tanto para democracias como para dictaduras; así antes, durante y después del golpe de estado en Chile el papel de los medios de comunicación fue fundamental. Para controlar un país, hay que controlar los medios.




Desde la campaña electoral de Salvador Allende, la mayoría de los diarios y de la radio chilena realizaron una fuerte campaña intentando desacreditar al comunismo y a Allende.



Sin embargo, Salvador Allende logra ganar las elecciones, y comienza a gobernar un presidente de izquierda en un país latinoamericano; que era el peor temor de el entonces presidente norteamericano Richard Nixon, y de su secretario de estado, Henry Kissinger. Entonces decidieron "arreglar el problema" de un presidente latinoamericano no plegado a los intereses gringos.


Se comisiona a la CIA la misión de desbaratar el gobierno de Allende; y comenzaron su trabajo, aplicando una receta que aplicarían una y otra vez en los años y las décadas por venir: se hicieron abundantes pagos a los medios chilenos, para que no cesaran su campaña...


...Se fomentaron paros en la producción de las fábricas, provocando desabasto. Los parlamentarios de derecha, que eran mayoría en el congreso chileno, sistemáticamente bloqueaban todas las iniciativas de Allende.


¿Pero entonces quién apoyaba a Allende? Solamente el pueblo, que no tenía ni fábricas, ni estaciones de radio, ni periódicos, ni -al parecer- parlamentarios; sólo tenían a Allende y Allende sólo los tenía a ellos.



La CIA formó y entrenó grupos paramilitares, que además no sólo creban violencia de manera general, sino que asesinaron a miembros claves del gobierno de Allende; especialmente a altos mandos militares que le apoyaban, dando paso a otros cuya lealtad era incierta, como el después traidor Pinochet.


La prensa, por supuesto, machacaba constantemente contra el gobierno de Allende, para atraerse a la gente.
El coctel estaba servido.


La cereza fue el final golpe militar; en el cual el control de los medios fue crítico.

El día 7 de septiembre, los generales desleales conciertan el golpe, fijando el 11 como el día D, a las 6 am. En todo momento contaron con líneas telefónicas exclusivas para comunicarse con seguridad.
El 11 de septiembre, en la madrugada, una escuadra golpista toma Valparaíso. Logran inutilizar todas las líneas telefónicas, excepto una, para su uso, con la cual avisan a Allende sobre insurrecciones de la infantería de marina, y hacerle así, acudir al Palacio de la Moneda, la casa presidencial chilena.

El presidente Salvador Allende, y detrás de él, el traidor Pinochet. Un día antes del golpe, le juró lealtad al presidente. 

7:20 am  El plan surte efecto, y Allende arriba a la Moneda. A esa misma hora, Pinochet toma la central de comunicaciones de Peñalolén, para anular la emisión de varias emisoras de radio, y establecer a su vez las comunicaciones entre los golpistas. Controlar los medios electrónicos fue fundamental: Ahora los desleales conocían todos los sucesos de primera mano y rápido, el Presidente pocos y tarde, y el pueblo, -único sostén de Allende- ninguno. 


Cerca de las 8:00 am, Allende emite su primer mensaje a la nación, donde anuncia de la sublevación de un sector de la marina, pero llama a la calma al pueblo.
8:40 am  En las estaciones ya controladas, los golpistas al fin hacen su proclama oficial, exigiendo la dimisión al Presidente, y amenazando bombardear "por tierra y aire" la Moneda si a las 11 no estaba desalojada.
Cerca de las 9:30 am. Allende da otro mensaje, pero no hace ninguna referencia a la lucha armada o a la resistencia.


Los militares se contactan con la Moneda y ofrecen a Allende sacarlo del país, pero éste se reúsa.
10:15 am A través de Radio Magallanes, la única estación libre que aún permanece al aíre, el Presidente Allende da su último mensaje a la nación; la última parte decía:


...Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa, la seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria.
El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.
¡Trabajadores de mi Patria!: Tengo fe en Chile y en su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán de nuevo las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor. ¡Viva Chile!, ¡Viva el pueblo!, ¡Vivan los trabajadores!
Éstas son mis últimas palabras, teniendo la certeza de que mi sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una sanción moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.


A las 11:30 am aproximadamente, inició el bombardeo contra la Moneda. No hay posibilidad de escapatoria ni de rescate.



1:30 pm El golpe está casi terminado; sólo falta algo: para controlar un país, hay que controlar los medios.
Se allanan y silencian las estaciones de radio Magallanes, Corporación y Portales; así como todas las estaciones de televisión, excepto canal 13, y sus operadores, locutores y demás personal, son arrestados y concentrados en el Banco del Estado de Chile. Los diarios El Clarín, El Siglo y otros, son tomados y sus prensas destruídas.


Cerca de las 2:00 pm, ante la resistencia que continuaba, los militares toman el Palacio, y (con toda probabilidad) asesinan  a Allende.


Hay una última comunicación que salió de la Moneda, de parte del militar Carvajal; es un mensaje torpe, estúpido, y triste a la vez: "Hay una comunicación, una información de personal de la Escuela de Infantería que está ya dentro de La Moneda. Por la posibilidad de interferencia, la voy a transmitir en inglés: They say that Allende commited suicide and is dead now."



El 15 de septiembre, Nixon llamó a Kissinger. Nixon, eterno enemigo de los medios, se lamentó de "los diarios llorones"y de la "sucia hipocresía" de la prensa, que sólo se concetraba en la represión militar chilena, y en el decisivo papel jugado por el gobierno estadounidense en el golpe de estado.  En esta conversación telefónica, desclasificada en mayo de 2004, Nixon dijo: "Nuestra mano se mantiene oculta en esto" Kissinger contestó: "No lo hicimos nosotros… quiero decir, únicamente les ayudamos. ¡Caraj*** sólo creamos las mejores condiciones posibles…! ¡En tiempos de Eisenhower, seríamos considerados héroes!".




El terror acababa de llegar a Chile, y no se iría durante 17 años. Las víctimas de las Torres gemelas sufrieron durante dos horas, y murieron de inmediato. Las víctimas de la dictadura fueron torturadas durante días, meses y hasta años, de las maneras más atroces e inimaginables y en muchas ocasiones, sus muertes fueron inmisericordemente lentas.


Por eso, aunque sé lo trágico de los atentados a las Torres, y me conduelo por sus víctimas, en cada nuevo documental, película, memorial, programa especial o serie que las recuerda, no puedo dejar de pensar: No deberían sorprenderse tanto quienes lanzan la primera piedra; en cualquier momento la piedra puede regresar en forma de dos aviones.




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