lunes, 15 de julio de 2013

Libros vs e-books

Y ¿Porqué alguien preferiría seguir leyendo un viejo libro de papel, si puede leer un e-book?
Sí, el viejo Libro tiene un nuevo competidor, que amenaza con -al fin- desterrarlo por siempre a los museos y anaqueles del recuerdo. Este competidor es joven, ambicioso y moderno: el e-book.




El e-book tiene grandes ventajas sobre su vetusto competidor: el e-book generalmente cuesta menos que un libro, ocupa menos espacio y peso; de hecho, el formato electrónico permite llevar toda una biblioteca en la palma de la mano; si quieres comprarlo, siempre lo encuentras, pues no puede agotarse de las librerías, y es la última moda entre los que aman los gadgets y la lectura.


Pero, inesperadamente, El Libro, el viejo libro, tiene no una, sino varias -muchas- ventajas sobre el nuevo e-book:

  • Un libro es infinitamente más resistente: puedes echarle café encima, dejarlo caer 10 pisos, pasarle una aplanadora por encima o dejarlo al rayo del sol... y seguirá sirviendo; un e-book no.
  • El libro lo puedes regalar, prestar o donar, porque sí es tuyo; el e-book, en realidad, no lo es. (Lo es el dispositivo, no el e-book. Cuando adquieres un e-book en Amazon, en realidad lo estás rentando)

  • El libro puedes personalizarlo como gustes: puedes arrancarle y hasta agregarle páginas. Puedes colorearlo, rayarlo, recortarlo, anotarlo y doblarle las páginas.
  • El libro puedes dejarlo en un estante literalmente durante siglos, y al abrirlo, seguirá sirviendo. Un e-book, no.

  • El libro no necesita actualizaciones o recargas.
  • El libro no dejará de ser obsoleto ni podrá dejarse de leer porque su software sea viejo. (Los libros escritos por los amanuenses hace 800 años, se pueden leer; los diskettes o discos Floppy, hechos hace 10, ya no se pueden leer)


  • El libro no puede ser detectado o anulado por un dispositivo electrónico.
  • El libro puede usarse en cualquier contingencia, pues no requiere electricidad ni conexión a internet.
  • El libro no necesita mantenimiento.

  • El libro sí sobreviviría a un ataque de pulso electromagnético. (El kindle, y todos los dispositivos electrónicos, no)
  • El libro no puede ser borrado o eliminado al tocar una tecla (el libro -tenía que ser- 1984 fue borrado de todos los dispositivos Kindle porque Amazon decubrió que no poseía los derechos).
  • El libro tiene no sólo forma y color, sino textura, olor y hasta sabor.


  • El libro no puede ser censurado o destruído masivamente por algún gobierno con sólo cerrar una página web. (Cuando el FBI cerró Megaupload, destruyó toda la información alojada en esa página)
  • El libro no puede ser espiado por Obama o la CIA


  • El libro es el brillante resultado final de más de 2,000 años de esfuerzos de amanuenses, dibujantes, tipógrafos, diseñadores editoriales, e impresores en perfeccionarlo hasta hacerlo la mejor manera de reproducir y leer un texto, desde el punto de vista óptico y visual. El e-book pierde mucho de esos logros.
  • El libro sigue siendo, pesar de los adelantos del Kindle, la manera más cómoda, relajada, conveniente y elegante de leer un libro.
  • El libro puede calentarte no sólo el alma, sino el cuerpo, usándolo de combustible si estás atrapado en un glaciar, o hasta como una casa.


  • El libro puedes comprarlo -y leerlo- de manera completamente anónima, y nadie se enterará de qué estás leyendo. (Los libros del Kindle se compran en línea, y por lo tanto con tu tarjeta de crédito... y con tus datos)
  • El libro puedes firmarlo, dedicarlo y conservarlo toda tu vida como recuerdo.
  • El libro es en sí mismo un objeto icónico, intemporal y hermoso.


Cuando dentro de 1,000 años un arqueólogo (humano o extraterrestre) desentierre los restos de nuestra civilización y encuentre los despojos desguasados de televisiones, videocaseteras, cámaras, cintas, kindles, teléfonos, ipads, celulares y demás dispositivos, entonces completamente inutilizables; se llenará de curiosidad, preguntándose para qué servía toda esa basura tecnológica circundante; y buscando más, se agachará y se maravillará al encontrar el único dispositivo humano que seguirá sirviendo entonces: Un libro.


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