lunes, 6 de mayo de 2013

¿Es para tanto la batalla del 5 de mayo?

En México, cada 5 de mayo se recuerda el aniversario de una célebre batalla que tuvo lugar en la ciudad de Puebla, en 1862.

Batalla de Puebla.

En ella se enfrentaron las fuerzas republicanas, de México y las fuerzas conservadoras, de Francia.
Y en cierto modo, también se enfrentaron las fuerzas de Latinoamérica y las fuerzas de Europa.
El ejército vencedor fue el mexicano, y la batalla se conmemora desde entonces hasta la fecha con grandes fiestas, ceremonias y desfiles. Se escriben libros y artículos como éste y se proyectan documentales y películas. Esta fecha sólo es superada en fervor y ceremonial por el día de la independencia mexicana, el 15 de septiembre.


Representación actual de la batalla de Puebla, el 5 de mayo.

Pero ¿Es para tanto la batalla del 5 de mayo?
Veamos. Desde el punto de vista meramente estadístico, la batalla del 5 de mayo puede ser clasificada como insignificante; el ejército mexicano tenía un largo, largo historial de derrotas ante fuerzas extranjeras, sólo interrumpido por algunas muy contadas victorias; en términos deportivos algo así como: Ejércitos extranjeros, 84; Ejército mexicano, 3. Así que esta victoria mexicana simplemente movía el "marcador" 84 a 4. Estadísticamente, ínfimo.
Además, a los tres meses de la batalla, el general mexicano victorioso, Ignacio Zaragoza murió de tifoidea.

El general mexicano Ignacio Zaragoza.

Y al año los franceses regresaron y esta vez sí lograron tomar Puebla, y eventualmente, la capital, México; estableciendo el Imperio y a un gobernante títere, Maximiliano I.
Entonces ¿Realmente tiene alguna importancia esta lejana batalla?
Para responder eso, primero tenemos que saber...
¿Qué demonios hacía el ejército francés en México?

Maximiliano I

El ejército francés llegó con el pretexto de cobrarle deudas a México. Como las condiciones de salubridad en el puerto estaban matando a los franceses, por cortesía el gobierno mexicano les dejó alojarse tierra adentro mientras los diplomáticos negociaban las deudas reclamadas.
Sin embargo, el ejército francés no llegó a México para cobrar deudas, sino para invadirlo y colonizarlo. El emperador francés, Napoleón III, ambicionaba crear una colonia en América. Tenían el apoyo y el dinero de los ricos y de la Iglesia mexicanos.

Napoleón III
Así que, súbitamente, sin declaratoria de guerra, aún en medio de las negociaciones, y aprovechando su posición, los franceses de manera traicionera comenzaron a marchar hacia la capital mexicana.
Por su lado, México estaba empobrecido y agotado pues acababa de terminar una guerra civil, llamada de Reforma, ocasionada por el mismo grupo de conservadores e Iglesia que ahora apoyaban la invasión.

Comisión de ricos, hacendados y gente bien de México
 que en 1863 fueron a Europa a solicitar que
nos mandaran un príncipe.
Es de notar la participación -como siempre
se acostumbra en estos casos- de una sotana.

Así que la incursión extranjera era facilitada en muchas poblaciones por el manejo de los curas del lugar, que pedían a la población que ayudaran a los invasores, pues éstos "venían a rescatar a la Iglesia". Esto, unido al factor sorpresa, permitió el fácil avance francés en territorio mexicano; al grado que antes de llegar a la capital sólo les faltaba tomar una ciudad: Puebla.
Sin embargo, el gobierno republicano, encabezado por el presidente Benito Juárez, de alguna manera logró reunir un improvisado ejército, y 4,000 hombres fueron destinados a la defensa de Puebla.

El presidente Benito Juárez

Pero el mexicano era un ejército de soldados mal pertrechados, y como no se habían presentado voluntarios a luchar, se había complementado el ejército con alistamiento forzoso, por lo que no tenían ningún entrenamiento.
Por su lado, para esa batalla, el ejército francés contaba con 50% más hombres, 6,000; más y mejores pertrechos, y en ese momento se le consideraba el mejor ejército del mundo.
Así que se enfrentaban un país con apenas 50 años de existencia y guerras internas, México; y otro que en 50 años no había perdido una sola batalla, Francia.

Caída de Sebastopol. Victoria francesa sobre el imperio ruso.

Era tal la confianza en que la invasión era un éxito, que Lorencez, el general francés escribió a París:
"Somos tan superiores a los mexicanos en organización, disciplina, raza, moral y refinamiento de sensibilidades, que le ruego anunciarle a Su Majestad Imperial, Napoleón III, que a partir de este momento y al mando de nuestros 6,000 valientes soldados, ya soy dueño de México”.
El general mexicano al mando de la defensa, Ignacio Zaragoza, sabiendo que su ejército recién formado no tenía oportunidad en un enfrentamiento frontal a campo abierto contra los experimentados franceses, decidió presentar una batalla de tipo defensivo. Así que se preparó a recibir a los invasores en los fuertes de Loreto y Guadalupe, enclavados en la cumbre del cerro de Guadalupe. 


Vista del cerro de Guadalupe, donde se encuentran los fuertes de Loreto y Guadalupe.

A las 9:15 de la mañana del 5 de mayo, aparecieron las fuerzas francesas en el horizonte. La batalla de Puebla estaba a punto de comenzar. 
Los soldados mexicanos en realidad esperaban una muerte segura. Era evidente su poca confianza ya no en triunfar, sino en al menos sobrevivir. Era necesario alentarlos, y Zaragoza les dirigió unas palabras:
¡ Soldados ! 
Os habéis portado como héroes combatiendo por la Reforma: vuestros esfuerzos han sido coronados siempre del mejor éxito,y no una, sino infinidad de veces habéis hecho doblar la cerviz a vuestros adversarios. Loma Alta, Silao, Guadalajara, Calpulalpan son nombres que habéis eternizado con vuestros triunfos.
 
Hoy vais a pelear por un objeto sagrado; vais a pelear por la Patria y yo me prometo que en la presente jornada le conquistaréis un día de gloria. 
Nuestros enemigos son los primeros soldados del mundo; pero vosotros sois los primeros hijos de México y os quieren arrebatar vuestra Patria. Soldados: leo en vuestra frente la victoria... fe, y... ¡Viva la independencia nacional! ¡Viva la Patria! 

Esto logró elevar la moral de las tropas, quienes se dispusieron a enfrentar la batalla.


Ignacio Zaragoza

De manera sorpresiva, Lorencez decidió atacar frontalmente los fuertes, en vez de a los flancos, confiando en la superioridad francesa; Zaragoza advirtió la maniobra y envió fuerzas a rechazar el avance, exitosamente.
A cada intentona europea, los mexicanos lograban bloquear y causar bajas; ocasionando el desgaste francés.
Lorencez comenzaba a desesperarse, viendo que podía suceder lo impensable: una derrota frente a los "inferiores" latinoamericanos; así que decidió mandar un ataque de pinza con todas sus fuerzas: de un lado marcharon los suavos, la fuerza élite francesa, y por el otro, el resto del ejército.

La fuerza élite francesa, el Cuerpo de Suavos, los marines de la época.
Pero Zaragoza previno de nuevo el ataque, y mandó a la fuerza de Zapadores de San Luis Potosí a recibirlos; éstos, astutamente, se ocultaron detrás de los magueyes y los nopales, y esperaron la llegada de los suavos. A una orden, les emboscaron, y comenzó un sangriento enfrentamiento cuerpo a cuerpo entre las bayonetas francesas y los machetes potosinos.

Suavos en combate
Los suavos, decíamos, eran una fuerza de élite, con años de experiencia y entrenamiento en el combate con bayoneta, pero paradójicamente, esa pelea fue en un terreno tan corto, que la ventaja de la bayoneta quedó anulada, y los cortos pero eficientes machetes se impusieron. Los suavos, viéndose perdidos, intentaron refugiarse en una casa que estaba en la falda del cerro, pero también ahí continuó el combate; un cabo mexicano, apellidado Palomino, valientemente logró adentrarse en las filas de los suavos, y les arrebató su bandera, ocasionándoles un golpe moral mayúsculo.


Los franceses de ambos lados fueron totalmente rechazados, y comenzaron una desordenada fuga. El general mexicano Porfirio Díaz, al frente de la brigada de Oaxaca, vió la oportunidad de lograr una victoria total, y sin esperar órdenes, mandó una carga de caballería sobre los desesperados franceses, ocasionándoles más bajas. Los franceses escaparon desesperadamente, y no pararon hasta llegar a Amozoc, a 25 kilómetros de ahí.
Habían sido vencidos por primera vez en 50 años.

Carga sobre los franceses en fuga.

Los mexicanos, contra todo pronóstico, habían derrotado al mejor ejército del planeta.
Zaragoza mandó a su vez un telegrama a la capital:
... Las armas del Supremo Gobierno se han cubierto de gloria: el enemigo ha hecho esfuerzos supremos por apoderarse del Cerro de Guadalupe, que atacó por el oriente de izquierda y derecha durante tres horas: fue rechazado tres veces en completa dispersión y en estos momentos está formado en batalla,  con de más de 4,000 hombres, frente al cerro de Guadalupe, fuera de tiro. No lo bato, como desearía, porque el Gobierno sabe (que) no tengo para ello fuerza bastante. Calculo la pérdida del enemigo, que llegó hasta los fosos de Guadalupe en su ataque, en 600 o 700 entre muertos y heridos; 400 habremos tenido nosotros. Sírvase vd. dar cuenta de este parte al C. Presidente. 
 I. Zaragoza

Como dijimos, casi un año después, los franceses regresaron con 5 veces más fuerzas y luego de un sitio de dos meses, tomaron la ciudad, e impusieron al gobierno títere de Maximiliano, que subsistió durante 4 años.
¿Entonces fue inútil, despreciable la victoria de la batalla del 5 de mayo?

Monumento a la batalla de Puebla del 5 de mayo.
Al contrario. La resonancia de la batalla llegó incluso al otro lado del océano, donde la noticia de la derrota francesa ante un impreparado ejército latinoamericano los convirtió en el hazmerreír de Europa. Y por supuesto en México, cuando se supo que sí era posible derrotar a los Franceses, miles de patriotas se enlistaron al ejército republicano o se unieron a los grupos de guerrilleros que mantuvieron un acoso constante sobre los imperialistas en todo el tiempo de su estancia en México, convirtiendo una fácil invasión en una cada vez más cara ocupación.


Ya sea en Cuba, Vietnam, España, China o México, la guerrilla
ha demostrado su capacidad para enfrentar a enemigos militar
y económicamente superiores, y vencerlos.

Napoleón III, que esperaba simplemente extraer cada semana carretonadas de oro y riquezas de su nuevo territorio, se veía obligado a gastar elevadísimas sumas en la manutención de tropas, pertrechos y hasta en la corte de los nuevos emperadores mexicanos, Maximiliano y Carlota. Además, la guerrilla ocasionaba cada vez más bajas a los imperiales; se calcula que murieron 11,000 franceses durante la invasión.
Y ante las desproporcionadas pérdidas contra la nula ganancia que obtuvo, finalmente el Imperio francés ordenó desalojar México, y no volvió a intentar otra aventura en América.
A los pocos meses, Maximiliano fue fusilado, y la república instaurada.

El fusilamiento de Maximiliano. Manet

El 5 de mayo además fue el principio del fin del imperio del propio Napoleón III, concluyendo con su derrota y derrocamiento en 1870.
El 5 de mayo demostró a los europeos que no podían más invadir impunemente América.
Así que en efecto, la batalla de Puebla es importante, por su resultado y por su significado. 
Y es importante decirlo, porque aún en la actualidad, hay quienes menosprecian e incluso lamentan el resultado de esta batalla.
No cabe duda que todavía hoy, como ayer, hay publerinos que se dejan convencer por las amenazas infernales de los curas, y se lanzan  a ayudar a quienes vienen a someterlos, rosario en mano.
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