jueves, 25 de abril de 2013

El extraño caso de los Genios que no sabían escribir

Todo grado académico implica algún esfuerzo, y es un mérito conseguirlo. El título de la escuela primaria o secundaria se ganan con una cierta disciplina y constancia, y más los títulos superiores como los de preparatoria o la universidad. Yo mismo, vanidosamente, tengo colgado en alguna pared un desvaído título universitario. Y varios de mis conocidos incluso adornan sus paredes con aún más altos títulos de posgrado, como maestrías y doctorados. Es que se considera que estos grados garantizan un gran nivel de conocimiento y logros, por lo que generalmente generan en quienes los poseemos un engreído, vano orgullo.




Pero, el otro día en un golpe a mi ego, volví a leer Las mil y una noches, obra de la cual hablamos el artículo pasado, así que ya no nos referiremos a su trama.
Las mil y una noches, en su versión original, es uno de los más grandes libros de la historia; una obra que merece la inmortalidad para su autor... salvo que no hay un autor de Las mil y una noches. Son muchos y anónimos.
Oscuros pero luminosos, los múltiples autores de Las mil y una noches son los Confabulatori Nocturni; seres que se dedicaban profesionalmente y vivían de contar historias.
El caso es que la mayoría de estos confabulatoris no sabían leer; mucho menos presumían de un título académico; simplemente sabían de memoria cada relato, y probablemente lo modificaban, aumentaban o acortaban según la audiencia de cada noche, y sin embargo, lograron tejer los hilos que conformaron el que probablemente sea el mejor libro de la historia.

Confabulatori Nocturni, un contador de historias árabe.

Otro caso es aún más asombroso: hablamos de el mítico griego Homero, que como sabemos es el autor de La Iliada y La Odisea; aunque en realidad nunca escribió La Iliada o La Odisea.
Pero... ¿no hay una contradicción aquí? No.
En efecto, Homero no escribió ni la Iliada ni la Odisea ni ninguna otra obra... porque no sabía escribir. Increíble, inconcebiblemente, para nuestra raquítica capacidad moderna de recordar, las compuso de memoria.
Los 15,693 versos de la Iliada y los 12,110 de la Odisea fueron compuestos, ordenados, pulidos, y finalmente almacenados en la genial mente de Homero, quien de esta manera creó nada más y nada menos que los dos libros pilares de la literatura occidental.
Nada mal para alguien sin una licenciatura o un doctorado.

El genial aedo Homero; quien además, era ciego.

También tenemos el caso del libro más vendido de todos los tiempos, el best-seller por excelencia: la Biblia; cuya parte principal, los Evangelios, fueron creados sí, adivinaron, por analfabetas. Por lo menos, según la tradición; de los cuatro evangelistas: Juan, Marcos, Mateo y Lucas, sólo este último, por su trabajo como cobrador de impuestos, sabía leer y escribir. Nunca fueron a la escuela y sin embargo, son autores de unos los libros más influyentes del mundo.

San Lucas, quien de acuerdo a esta pintura, además de escribir, sabía pintar.

Gengis Kan, de la indigencia, pasó a ser el líder de su tribu; luego, en lo que parecía imposible, unificó a todas las tribus nómadas de Mongolia, y finalmente, se convirtió en el más grande conquistador de la historia, al crear el más extenso imperio que jamás, antes o después, ha existido. Y se dió tiempo para publicar leyes y edictos, modelos legislativos para la época.... todo sin saber leer o escribir.

El imperio Mongol en su máxima expresión.

Finalmente está el emperador Carlomagno, que aunque no es ningún gran autor, sí fue el más grande impulsor de las letras y de las artes de su época, llegando a iniciar lo que los historiadores llaman el renacimiento carolignio, un florecimiento de la cultura y el conocimiento. Sólo que este gran emperador y mecenas de las letras... no sabía escribir. Aunque se dió tiempo para resucitar al imperio romano, crear el concepto de Europa, y convertirse en el gobernante más influyente de occidente. De momento no logro recordar a muchos licenciados o doctores que tengan algo así en su currículum.

Carlomagno


El que una de las más mágníficas y disfrutables obras,Las Mil y una Noches, sea autoría de iletrados, me deja ver que la simple posesión de un grado escolar no garantiza en absoluto tu grandeza o habilidad... vaya, muchas veces ni siquiera garantiza tus conocimientos.
No digo que no haya que estudiar. Siempre hay que tender a buscar el conocimiento y el crecimiento. Pero la garantía de tu grandeza no está en un grado académico; hay doctores que son unos imbéciles (en cualquier sentido) y por supuesto, doctores geniales. Hay personas sin estudios que son verdaderos genios y otros que son mediocres.

La simple posesión de un grado escolar no garantiza en absoluto tu grandeza, habilidad, o inteligencia.

El genio no se vende en las farmacias ni se enseña en las escuelas. Entonces, ¿dónde lo hallamos?
Como la famosa lámpara del Las mil y una noches, opaca y deslustrada, oculta un genio dentro de ella; así la genialidad puede estar, sorprendente, inesperadamente, dentro de tí. A veces sólo basta con pulir la lámpara.



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