viernes, 28 de diciembre de 2012

La tregua de Navidad. Estalla la paz.

Una leyenda de navidad, de humanidad, de guerra... y de caballerosidad.
La primera guerra mundial es la guerra que inaugura el siglo XX y cierra el XIX. Es un parteaguas, entre otras cosas, porque fue la primera vez que se vio un nivel tal de exterminio a tan gran escala: involucró en un principio, a Alemania y Austria-Hungría contra Gran Bretaña, Francia y Rusia.

Priemera Guerra Mundial: Francia, Gran Bretaña y Rusia contra Alemania y Austria-Hungría.

El nivel de exterminio, decíamos, no tenía precedente: hubo batallas en las que murieron hasta un millón de hombres. Una carnicería. Y además carnicería sin sentido, pues esa guerra se caracterizó por el uso de trincheras, que luego de cada batalla, apenas movían sus líneas unos cuantos metros.



Particularmente en la Primera Guerra Mundial, se perdían miles de vidas... y se ganaban unos cuantos metros, o ninguno.

Pero la primera guerra mundial también se considera como la que cierra el siglo XIX, por ser la última en la que los participantes se trataron entre sí con caballerosidad; lo cual es más extraordinario aún, si consideramos las condiciones en las que estas muestras de caballerosidad se dieron:
Luego de meses viviendo en las trincheras, de la manera más cruel e inhumana posible, sufriendo muertes y bombardeos cada hora, cada día, semana tras semana, los soldados de ambos bandos estaban psicológica y físicamente exhaustos.

Las condiciones de vida en las trincheras eran terribles.


Los gobiernos de cada país habían "vendido" la guerra a sus respectivos habitantes como una guerra fácil, patriótica y necesaria. En realidad, la gente no deseaba la guerra; pero millones de ciudadanos se enlistaron gracias a la fuerte propaganda engañosa con que cada gobierno manipuló a su población.

Cartel de reclutamiento inglés mostrando la guerra como un paseo.
Otro cartel de reclutamiento de la 1a guerra mundial, mostrando la guerra como una simple diversión.
Propaganda francesa de la Primera Guerra Mundial. Niños aventando bolas de nieve contra un muñeco alemán.

Pero luego de meses de dura realidad,  la gente que se enlistó ya no veía con los mismos ojos la guerra, y la propaganda comenzó a ser inefectiva. De hecho, los rumores de que deserciones masivas, insurrecciones e incluso revoluciones podían ocurrir crecían en todos los frentes.
Hacía falta devolver la motivación a las tropas. La ocasión ideal se presentó en la Navidad de 1914; la primera Navidad que los soldados vivirían lejos de sus hogares.

Guillermo II,  Emperador de Alemania durante la primera guerra mundial.  
El emperador alemán, Guillermo II, ordena enviar abetos navideños para ser colocados a todo lo largo de las trincheras alemanas a fin de subrir la moral de sus súbditos; asimismo, mandan al frente raciones extras de chocolate, salchichas y alcohol. (se cuenta que mandó un árbol de navidad cada 5 metros de trinchera; eran abetos y estaban adornados con esferas y veladoras para ser prendidos en la noche)

Se hizo propaganda también sobre el envío de los abetos al frente.

Por su parte, los mandos franceses, austro-húngaros y británicos  también aumentaron las raciones para sus soldados. Pero los altos mandos sólo concedieron esa única gracia por la navidad. Por lo demás, las órdenes estrictas eran continuar los combates de manera intensa aún el 24 y 25 de diciembre.... exactamente igual que los demás días antes y después.
Así, llegó el 24 de diciembre.
En el frente occidental, al sur de la ciudad belga de Ypres, también había trincheras, para no variar. De un lado, una trinchera con soldados alemanes. Del otro lado, una trinchera con soldados franceses y soldados escoceses. En medio de ambos, una fraja de 50 metros llamada tierra de nadie; un área expuesta a las ametralladoras y a la muerte segura para quien la pisara.

Soldados alemanes dentro de su trinchera vigilando la tierra de nadie. Más allá, estaba a su vez la trinchera de los franceses. 

Entonces cayó la noche del 24; la víspera de Navidad. Las prometidas raciones extra comenzaron a ser ávidamente consumidas por los hombres de ambas trincheras. El humor se relajó y comenzaron a escucharse risas y cantos de uno y otro lado. (recordemos que ambos enemigos estaban en realidad muy cerca uno del otro). Pronto, en vez de lanzarse balas como en días anteriores, ambos bandos se intercambiaron villancicos.


Cartel propagandístico de la Navidad de 1915 durante la Primera Guerra.

Y la parte de leyenda. El famoso tenor alemán, Walter Kirchhoff, fue a animar a las tropas esa noche. En medio de la frugal cena navideña, comenzó a cantar "Stille Nacht, heilige nacht", "Noche de Paz". La belleza no conoce fronteras; los soldados escoceses, conmovidos, reconocieron de su lado el hermoso canto de Kirchhoff, y comenzaron a acompañarle con sus gaitas.

El famoso tenor alemán, Walter Kirchhoff caracterizado como Sigfrido, para la ópera El Anillo de los Nibelungos de Richard Wagner. 
Dejándose llevar por el espíritu navideño, los soldados alemanes colocaron sus arbolitos de navidad afuera de su trinchera, iluminando la noche.
Los soldados franceses no sabían qué estaba pasando; incluso temieron una trampa; pero decidieron esperar.

Ésta es una version de  Stille Nacht, heilige nacht  de nuestra querida Nana Mouskouri.
Parecida a la de  Kirchhoff , pues es en alemán, y canta sola, sin coros. (Tal vez quieras escucharla mientras lees) 

Finalmente, en un arrebato de emoción, y todavía cantando, el tenor Kirchhoff  tomó uno de estos arbolitos, salió de la trinchera, y lo puso en medio de la tierra de nadie -arriesgando la vida, pues ciertamente no se había concertado ningún cese al fuego- como un presente para sus hasta entonces enemigos.

 Kirchhoff cantando en medio de la tierra de nadie .

El oficial escocés a cargo, que había reconocido la voz de Kirchhoff,  también arriesgándose, salió a su vez de su trinchera a saludar al tenor. Comenzaron a platicar en ese peligroso lugar, en medio del desconcierto de los soldados de ambos bandos, que los observaban incrédulos.

Conferencia alemana-francesa-escocesa en medio de la noche, alumbrados por el arbolito de navidad.

Al poco, se les unieron el oficial a cargo francés y el alemán; todos se saludaron con la mayor de las cortesías, e iniciaron como pudieron -cada oficial hablaba un idioma distinto- una insólita conferencia, en la que seguramente sirvió de intérprete el propio Kirchhoff.
Y el milagro tomó forma: se concertó una tregua por nochebuena, que concluiría a la medianoche.

Ilustración del inusitado encuentro. Los oficiales se saludaron cortésmente, y acordaron la tregua.

Ya sin el temor a las balas, pero con cierto recelo, los soldados de ambos bandos salieron de las trincheras. Comenzaron a confraternizar. Intercambiaron viandas. Se brindó. Se intercambiaron historias y se mostraron fotos de la familia. Incluso hubo una pequeña ceremonia religiosa a manera de misa de gallo, a la que asistieron indistintamente alemanes, franceses y escoceses; creyentes y no creyentes; lo importante era sentir la paz en medio de la guerra, la humanidad en medio de la estupidez y el sinsentido.

Imagen de la tregua de Navidad entre soldados alemanes, franceses y escoceses.

La tregua de nochebuena fue tan reconfortante, que se decidió prolongarla al día siguiente, en Navidad. Ese día, ya con la luz, los soldados de los bandos adversarios aprovecharon para enterrar a sus respectivos muertos abandonados anteriormente en la tierra de nadie.

Soldados alemanes de la Primera Guerra, adornando un árbol de navidad en 1914

Alguien sacó un balón de futbol, y comenzó un animado partido entre los soldados. Escocia contra Alemania. Los soldados usaron sus gorros como porterías. El partido fue sobre el hielo y sin árbitro, pero se jugó con absoluta cortesía; cuando alguien caía, los adversarios le brindaban la mano para levantarle. El resultado final, Alemania 3, Escocia 2.

Foto única del histórico encuentro de la tregua de Navidad.
Terminada la Navidad, continuaron las cortesías entre ambos bandos: los alemanes alojaron a los franceses y escoceses en su propia trinchera pues iban a bombardear el lado francés. A su vez, los alemanes fueron alojados por los franceses cuando bombardearon su campo.

Soldados alemanes y franceses fumando y conversando.

La conocida desde entonces como Tregua de Navidad no fue oficial, pues fue concertada por los soldados y sus oficiales de bajo rango; sin conocimiento ni autorización de ningún superior; pero su ejemplo se extendió a lo largo de las trincheras, llegando en algunos sitios a extenderse hasta año nuevo o incluso hasta febrero.
Inevitablemente, los altos mandos de Francia, Gran Bretaña y Alemania, desde sus escritorios a kilómetros de distancia de las balas, se enteraron y montaron en cólera: era inaceptable, decían, que hubiera tal confraternización con el enemigo. Si el resto del ejército se enteraba, todos se sublevarían; pues había quedado demostrado que la guerra era perfectamente inútil e indeseada; así que tomaron medidas para evitar en adelante tales indisciplinas.

Imagen de la tregua de navidad de 1914. Son muy pocas las imágenes y los testimonios que sobrevivieron, pues la censura de los tres ejércitos involucrados intentó eliminar todo vestigio del acontecimiento.

En Francia algunos soldados fueron fusilados. A los escoceses los arrestaron.
El emperador alemán Guillermo II, con esa particular gracia y misericordia del que manda a la muerte a millones de sus súbditos para poder continuar vacacionando a todo lujo, perdonó a sus soldados... y los transfirió al frente más letal.

La guerra... la mandan los señores, la sufre el pueblo.

La tregua no oficial de navidad de 1914 debía ser ocultada, pues demostraba que la guerra sólo sirve a los grandes señores, los ricos, los reyes y los poderosos, pero la pagan y la sufren los pobres, los jóvenes y los niños. Por eso los políticos le temen tanto a que estalle la paz; sin guerra ni conflicto, sale a relucir que la política y la milicia sobran; y que lo más valioso es la gente.  


Humilde monumento en Yprés, Bélgica, para conmemorar la tregua de Navidad.
"La tregua de Navidad de Khaki Chum
 1914-1999
85 años
 No olvidar.

Pero los censores no tuvieron éxito; y la historia trascendió. La tregua de navidad es en parte leyenda, porque los términos exactos de los acontecimientos no se saben; pero efectivamente sucedió, y eso es lo que importa,  que en la noche de nochebuena de 1914, en medio de la matanza más espantosa, los soldados recordaron que son humanos, y se unieron para recordarlo.  Ése es el verdadero valor de la Navidad.



Descendientes de los soldados que vivieron la tregua de Navidad en una ceremonia conmemorativa.

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