martes, 18 de diciembre de 2012

El dulce origen de los asesinos. Newtown.

El pasado viernes 14 de diciembre, Adam Lanza, un desquiciado de 20 años, entró a la escuela primaria Sandy Hook en el pueblito de Newtown, Connecticut, y con la más obscura sangre fría, asesinó a 20 niños de 6 y 7 años y a 7 maestros.


Aterrorizada madre de Newtown.
Previamente, Lanza asesinó a su madre disparándole en la cara.
Los hechos horrorizaron a los Estados Unidos y al mundo entero.
Las familias se reunieron en capillas a preguntarle al dios en el que cada uno cree ¿Porqué?
¿Porqué Adam Lanza, un joven que parecía tan indefenso, al que no le faltaba nada material, e incluso era muy inteligente se convirtió en un maligno asesino?


Como es ya normal,  las redes sociales fueron las primeras en responder; muchos culpaban a las laxas leyes estadounidenses que permiten comprar armas como si fueran dulces; otros, a la cultura de la violencia, promovida por la TV, el cine y los videojuegos; alguna madre culpó a ciertos desórdenes mentales; algunos incluso claman que fue justicia divina, vengando las vidas de niños afganos e iraníes asesinados por el ejército gringo.


Niño afgano masacrado por los EEUU.

Las situaciones anteriores son muy propicias para crear a un asesino serial; pero no son definitivas. De lo contrario, no habría decenas, sino millones de estos asesinos. 
Sin embargo, hay una situación que sí es determinante, decisiva,  para crear a un asesino como Adam Lanza; una situación, que de hecho, puede hacer de cualquiera un asesino o criminal.
Se las relataré.
Probablemente han escuchado del padre Chinchachoma, un sacerdote español que dedicó su vida a rescatar a niños sin hogar de las drogas, la calle, y la delincuencia, principalmente en México. Fundó tres albergues y dió muchas conferencias; pero su gran labor la realizó en la calle, donde estaban los niños pobres: Las manos que trabajan son más sagradas que los labios que oran.

El padre Chinchachoma con uno de sus "hijos" como le gustaba llamarles a los niños de la calle que rescataba.

De hecho, la fama de Chinchachoma proviene precisamente de este trabajo que hacía en las calles. Uno de los lugares que frecuentaba era la cárcel, para hablar con los presos. Pero a diferencia de muchos otros activistas, el padre Chinchachoma no iba sólo unas horas, de visita: Él se quedaba a dormir en las mismas celdas, con los presos, a fin de poder hablar con entera confianza con ellos. Incluso el lenguaje que Chincha usaba era completamente popular, con groserías de las más verdes, para aumentar su cercanía con la gente.

Conferencia del Padre Chinchachoma. Como su manera de hablar, su vestir podía también ser muy informal.

En una ocasión, Chinchachoma fue a hacer su labor a una cárcel mexicana. Hay que saber que las condiciones de vida en las cárceles de México son infrahumanas: es común atestar una celda para 4 personas con 40. En la noche, -tal es la sobrepoblación- los presos que no alcanzan un apretado espacio en el suelo deben ser amarrados a las rejas para poder dormir.

La sobrepoblación en las cárceles mexicanas es inhumana.

Se trafica y se paga por todo: por comer, por poder usar ropa, por usar el baño, o simplemente por vivir sin ser golpeado. Evidentemente la vida en esas prisiones es de elevadísimo peligro, y los criminales que ingresan no hacen sino aumentar su violencia.
Sin embargo, Chinchachoma insistió en visitar la prisión y convivir con los reclusos. Tal y como acostumbraba, pidió permiso para quedarse en la celda. Los guardias accedieron pero le dijeron que era bajo su responsabilidad.
Luego de acceder a la penitenciaría, el padre Chinchachoma fue conducido a los interiores de la cárcel, hasta que llegaron a la celda, lo introdujeron, y le dejaron allí, sin guardias ni vigilancia alguna.
Como era famoso, los reclusos reconocieron a Chinchachoma, pero eso no disminuía el peligro.


Adentro de una cárcel mexicana no hay ley.

Comenzaron a platicar. La personalidad del padre era sumamente carismática, así que al poco rato había bromas y confianza entre los presos y el visitante. Increíblemente, se charlaba en buen ambiente.
De repente uno de los presos dice:
-Oye padre Chicha, ¿Y deveras no te dá miedo estar aquí con nosotros? Mira que aquí estamos puros asesinos, violadores, secuestradores, ladrones...
El padre Chinchachoma le contestó:
-No. Con quien me daría terror estar es con sus madres. Porque son ellas quienes los han hecho ser lo que son.
Y entonces todos los presos comenzaron a llorar.


Recordemos que la madre de Adam Lanza, el asesino de Newtown, compró las armas con las que la mató a ella y a los niños de la primaria; y que también lo llevaba a practicar tiro desde que era niño; finalmente, ella también lo sobreprotegió al grado de aislarlo y convertirlo en un ser raro y agresivo.


También sobreproteger es fatal.

En verdad el medio ambiente, el país y la sociedad influyen en la crianza de la persona; pero las madres son definitivas, el 80% de la personalidad es influído por ellas.
Si le das a un niño bloques para armar, aprende a construír, si le das pistolas, aprende a agredir.