domingo, 7 de octubre de 2012

El mejor amigo del poeta muerto

"El tiempo y sus incomprensiones y distracciones colaboran con el poeta muerto" 
Jorge Luis Borges


En efecto, muchas obras de arte, (pictóricas, arquitectónicas o literarias) con el paso del tiempo se quedan obsoletas, lejanas, y se convierten en poco agradables. Los versos que ayer fueron fascinantes e innovadores pueden llegar a sonar con el paso de lo años triviales y aburridos. Pero como bien observó Borges, a otras obras el tiempo les ayuda, mejorándolas si cabe.  


Jorge Luis Borges en la tumba de Edgar Allan Poe. Uno de los más grandes escritores del siglo XX en la tumba de uno de los más grandes del siglo XIX. 

Dice Borges sobre esta colaboración entre el tiempo y los poetas muertos: 
"No sé de ejemplo mejor que el erguido verso de Cervantes: 
"¡Vive Dios, que me espanta esta grandeza!" Cuando lo redactaron, ¡Vive Dios! era una interjección tan barata como ¡caramba!, y espantar valía por asombrar. Yo sospecho que sus contemporáneos lo sentirían asi: ¡Vieran lo que me asombra este aparato! o cosa vecina. Nosotros, en cambio, lo vemos firme y garfio. El tiempo -amigo de Cervantes- ha sabido corregirle las pruebas"."
Y no sólo sucede esto en las letras; en la música, hermana de la poesía, también hay ejemplos:
Paco Ignacio Taibo II, el genial historiador y conversador, nos revela el verdadero significado de unos versos que tiene el famoso corrido sobre el general revolucionario Pancho Villa: "Siete Leguas".

Pancho Villa sobre "Siete Leguas", su caballo preferido. (que en realidad era yegua)

Para que hablemos de lo mismo, recomiendo oír esta estupenda versión del corrido "Siete Leguas", interpretada por el no menos estupendo Francisco "El Charro" Avitia (la parte que nos interesa es a los 40 segundos); si no tiene usted la posibilidad de oír el corrido, más adelante pongo los mencionados versos:



 "Siete leguas" 

Siete leguas el caballo
que Villa más estimaba,
cuando oía silbar los trenes,
se paraba y relinchaba,
Siete leguas el caballo,
que Villa más estimaba.

En la estación de Irapuato,
cantaban los horizontes, 
ahí combatió formal,
la brigada Bracamontes,
en la estación de Irapuato,
cantaban los horizontes.

Graciela Olmos, La Bandida

En la estación de Irapuato, cantaban los horizontes ¡Qué metáfora! A la llegada del querido General Villa, el horizonte canta; y no sólo el horizonte, sino dice los horizontes, es decir, todos; todos los horizontes; todas las mañanas, el mundo entero y todos sus amaneceres y atardeceres, cantan. Eso pensamos al oír este verso, quizás inusitadamente elevado y poético tratándose de una canción popular y bravía.
Baile de soldados de la revolución mexicana.

Pero, decíamos, esta metáfora tiene un origen algo distinto: a Pancho Villa le gustaba mucho la música, y cuando tomaba una ciudad, buscaba un músico o grupo para que le tocaran. Así, en la época de la revolución, cuando Villa llegó con su ejército, -la División del Norte- a la ciudad de Irapuato, al mismo tiempo un cuarteto de músicos -el único de la población- intentaba tomar el tren para alejarse de las balas. Villa se enteró, y los mandó traer (casi secuestrar) para que le tocaran. Le gustó tanto la música del cuarteto, que se convirtieron en su grupo de cabecera.
¿Y la relación con el corrido "siete leguas"?
El cuarteto se llamaba precisamente: Los Horizontes, y la primera vez que le tocaron a Villa, fue en la estación de Irapuato.  

Banda de la época revolucionaria mexicana.

Otra vez, el tiempo se ha encargado de pulir estas estrofas y ahora nos suenan como una deslumbrante metáfora. 
...y lo son igual, tiempo o no tiempo.

El tiempo, el mejor corrector de pruebas del poeta muerto.





Publicar un comentario