miércoles, 21 de marzo de 2012

El Benemérito de las Américas y la historia de las campanas

El día 21 de marzo, sufre de un "embotellamiento" de conmemoraciones; se celebran: la llegada de la primavera, el día de Twitter, el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial, el día mundial de la poesía, el día mundial del síndrome de Down, el cumpleaños de Johann Sebastian Bach, Día Mundial del Sol y Día Forestal Mundial; hubieran cumplido años Megaupload y Ayrton Senna; pero en América, y especialmente en México, se conmemora el natalicio del más grande estadista que jamás tuvo el país: el presidente indígena Benito Juárez.

Benito Juárez



No es este lugar para una biografía de Juárez, por lo que sólo contaré una anécdota acerca de lo que significó y sigue significando.
Hay que hacer algunas precisiones para poder ubicarnos en la situación:
Benito Juárez es una excepción histórica en la historia de América Latina; región expoliada por los europeos, aún después de independizada siguió (y en su mayoría sigue) gobernada por los descendientes de éstos: los criollos. Los criollos difícilmente le sueltan el poder a los demás grupos raciales, especialmente a los indígenas. Este racismo impera aún hoy, en la época de lo "políticamente correcto". Así que en el siglo XIX, el siglo donde lo correcto era ser "políticamente incorrecto", la llegada de un indígena a la presidencia era prácticamente impensable e imposible.
Sin embargo, llegó. ¿Cómo?

Oaxaca, el estado más pobre de México, lugar de nacimiento de Benito Juárez

Pues no por vía electoral exactamente; sino de "rebote". Aunque también podríamos llamarle destino:
Benito Juárez nació en 1806 en Oaxaca, el estado más pobre de la República mexicana; salvo que aún no había tal República, pues México era todavía una colonia española. Juárez era indígena, y por la falta de escuelas, por su pobreza, y por la incomunicación entre su pueblo y la ciudad, no aprendió a hablar español sino hasta los 12, y a leer y escribir hasta los 13, y eso gracias a su empeño e insistencia en hacerlo.
No referiré su novelesca trayectoria, en la cual desafió la discriminación, la pobreza y las dificultades extremas que un joven indígena pudo enfrentar en el México del siglo XIX (¿pudo? ¿hoy ya no? Nota mental).

Ignacio Comonfort

Logra contra todo pronóstico obtener la licenciatura en Jurisprudencia; podía leer textos en latín, francés e inglés, además de que conocía el derecho canónico y el derecho civil. Su carrera como abogado le lleva a la política, en la que sufre altas y bajas; hasta que en 1855, Juárez gana por voto popular el puesto de Presidente de la Suprema Corte de Justicia.
En esas mismas elecciones Ignacio Comonfort obtiene la Presidencia de la República, y nombra a Juárez Secretario de Gobernación. Previamente había habido un revolución, y el nuevo gobierno encabezado por Comonfort tenía el compromiso de  organizar un Congreso que redactara una nueva constitución. Y en efecto, en 1857 se termina de redactar la nueva constitución, luego de largas y apasionadas discusiones.
La Constitución resultante, la del 57, resultó ser altamente polémica.

Entre otras garantías, la constitución del 57 prohibía la esclavitud

Pero ¿porqué esta nueva constitución era tan polémica?: Eliminaba ciertas costumbres y privilegios que siempre tuvieron las castas gobernantes:  Reafirmó la abolición de la esclavitud, eliminó la prisión por deudas civiles, las formas de castigo por tormento incluyendo la pena de muerte, las alcabalas y aduanas internas. Prohibió los títulos de nobleza, honores hereditarios y monopolios. Estableció las garantías individuales a los ciudadanos mexicanos, la libertad de expresión, la libertad de asamblea, y la libertad de portar armas.
Pero la parte que ocasionó especial encono fueron las siguientes leyes, llamadas ley Juárez y  -paradójicamente- Ley Iglesias (por José María Iglesias):

Se quita todo privilegio del fuero eclesiástico; establécese que nadie pueda gozar absolutamente de emolumentos que sean una carga grave para la sociedad; prohíbese a todos que puedan ligarse con alguna obligación que implique ora un contrato, ora una promesa, ora votos religiosos.

Se acabó el fuero eclesiástico... oh. oh.

Es decir; en primera instancia, retiraba el fuero a los eclesiásticos, quienes en caso de delinquir, anteriormente sólo podían ser juzgados por un tribunal eclesiástico, y no por la ley civil.

Y segundo: anteriormente a esta ley, la iglesia podía enjuiciar legalmente a cualquier persona si ésta dejaba de cumplir con sus obligaciones monetarias para con la iglesia; es decir, si alguien no pagaba el diezmo, las respectivas misas y novenarios para un difuntos, contribuciones para fiestas patronales, etc, podía ir a la cárcel o ser embargado en sus bienes.

Simonía es la venta o exigencia de lo material a cambio de lo espiritual

Esta constitución todavía no contenía una ley que permitiera  la libertad de cultos, por lo que tácitamente conservaba a la religión católica como la oficial; además de que le dejaba a la iglesia el control y registro de los matrimonios, nacimientos, y sepelios; y permanecían intactas todas las celebraciones, santorales y fiestas religiosas del calendario católico, es decir, dejaba intactos la gran mayoría de los privilegios que tenía la Iglesia entonces.
Con todo, a la Iglesia Católica le parecía que las nuevas leyes "la atropellaban", y protestó abiertamente contra ella, pidiéndole a Comonfort -que era un ferviente católico- que no la promulgara.

Aún así, la nueva Constitución fue jurada por Comonfort y el Congreso el 5 de febrero de 1857.
En marzo, el arzobispo de México, Lázaro de la Garza y Ballesteros prohibió a todos los católicos jurar la nueva constitución, bajo pena de excomunión.
Acababa de comenzar la guerra entre el país y la iglesia católica romana.

Eclesiásticos contando sus ganacias

¿Porqué este encono del arzobispo? Si lo que le interesaba eran las almas de la gente, la constitución garantizaba a la Iglesia seguir teniendo su custodio. Lo que le dolió a la iglesia fue -hay que decirlo- un tanto más terrenal: ya no poder cobrar diezmos ni derechos canónicos de manera obligatoria; era mucha plata que se le iba de repente.
En la actualidad no podemos imaginarnos cómo se manejaba en el siglo XIX el asunto del diezmo; era muy diferente a como es hoy: el diezmo era en realidad un impuesto obligatorio -adicional al que se tenía que pagar al estado- además de que se cobraba de la manera más perjudicial posible, pues no era sobre las ganancias, sino sobre la producción: el día de la cosecha, -supongamos que de maíz- el agente eclesiástico estaba allí para recoger el 10% de la cosecha. Así, se cobraba en especie. Para convertirlo en plata, ese maíz era vendido en el mercado a precio más bajo, con lo que se perjudicaba de vuelta al productor, compitiendo contra su propio producto, pero malbaratado. Y ese impuesto era para todos, tuvieras o no dinero. De la misma manera, si se moría un familiar, no podías decir: pues nada más cremo a mi difunto y asunto terminado. Tenías que enterrarlo -en suelo sagrado, obviamente-, mandarle decir misas, rosarios, novenarios y demás; todo ello importaba una gran suma, que además, era obligatoria.  Así, adquirías importantes deudas, que tenías que pagar de algún modo.

Pagando el diezmo.

Y así era con bodas, festividades, etc etc.
Junto a la Iglesia, Bill Gates es un imbécil: Gates paga a ingenieros, investigadores, produce e imprime cajas que dicen Windows y hasta entonces puede cobrar; a la Iglesia sólo le basta hacer la señal de la cruz al aire y ya te cobra.
La bonanza era brutal: se estima que 3/5 partes de todas las posesiones, bienes y dinero del país eran de la Iglesia Católica. Muérete de envidia, Slim.

Carlos Slim, el hombre más rico del mundo... Oh! Sólo en Estados Unidos...Mexicanos.

Así, encabezada por la Iglesia junto a otros grupos - siempre son aliados, siempre son los mismos- afectados por la constitución liberal del 57, se inició una guerra civil para abolir dicha Constitución. Y en un giro de lo más surrealista, el propio Presidente Comonfort se unió a la revuelta, pues consideraba que "la nueva constitución es imposible de respetar". Es decir, ¡Comonfort dió un golpe de estado contra sí mismo!!!!! Por lo cual, dejó de ser Presidente de la República; y la ley marcaba que el Presidente de la Suprema Corte de Justicia, -puesto que ocupaba Benito Juárez en ese momento- ocupara el cargo de Presidente en ausencia de éste. Así fue como Juárez, (que también era Secretario de Gobernación), llegó a la presidencia.
La guerra civil, llamada guerra de Reforma, continuó tres años. Al final, los liberales, encabezados por el Presidente Juárez, vencieron a los conservadores (a la iglesia); y regresó la paz.
Pero ésta duró muy poco: la Iglesia no se resignaba, y organizó una comisión que fue a Europa a solicitar la intervención de alguna potencia extranjera para restaurar el estado de cosas, ofreciendo incluso reinar a quien aceptara intervenir.

Comisión de conservadores mexicanos ofreciendo la corona a Maximiliano

Poco a poco se fraguó una trama de telenovela: el Archiduque de Austria, Maximiliano de Habsburgo aceptó la corona de "el Imperio Mexicano". Al mismo tiempo, el emperador Napoleón III consintió en apoyar tan noble causa con tropas que desembarcarían en México.

Históricamente, para la invasión y el pillaje el pretexto es lo de menos: el Incendio del Reichstag en Alemania; armas de destrucción masiva en Irak; salvar la fe en Jerusalén o México... da lo mismo. Cualquer pretexto es bueno para robar.

Napoléon III

Por supuesto, el plan de Napoleón III era usar a Maximiliano como un simple títere... lo cual en efecto fue.
Así, en 1862, las tropas francesas desembarcan en México con el pretexto de cobrar deudas no pagadas... y comienzan la invasión.
El ejército francés era considerado entonces el mejor del mundo, por lo que la conquista parecía misión fácil. Sin embargo, debido precisamente al exceso de confianza, al racismo (en una carta el comandante francés consideró a los latinoamericanos, "desmoralizados, desorganizados e inferiores") y a el gran espíritu mexicano, el 5 de mayo los franceses sufrieron su primera derrota en 50 años, al tratar de tomar la ciudad de Puebla.

La batalla de Puebla

Sin embargo, regresaron meses más tarde con 5 veces más hombres y pertrechos, y lograron tomar Puebla, para posteriormente, avanzar sobre la Ciudad de México.
Y al fin la prometida anécdota.
Precisamente, cuando los franceses ya se acercaban a la Ciudad de México luego de tomar Puebla, el Presidente Juárez ordenó meter en varias carretas el archivo de la nación, y junto con su gabinete, se dispuso a partir rumbo al norte del país (quedarse hubiera significado su segura muerte, y por lo tanto, el fin de la República).
El tiempo apremiaba, pues ya comenzaba el cerco sobre la ciudad. Cuando ya estaba por partir, un ministro entró al despacho de Juárez, pidiéndole que saliera al patio.  Una persona quería verlo. La situación no estaba como para perder el tiempo en minucias, por lo que Juárez le dijo a su ministro que luego lo atendería; probablemente los cañonazos franceses ya se escuchaban a la distancia. Sin embargo, el ministro insistió. Debía atender a esa persona. Juárez sale al fin al patio.


Vista de la catedral de Puebla

La persona que insistía en ver a Juárez vestía de manera humilde. Cuando al fin tuvo frente a sí al Presidente, se acercó y arrojó ante Juárez metros y metros de cuerda que traía cargando.
Era el campanero de la catedral de Puebla. Acto seguido explicó qué significaban esas cuerdas: Cuando los franceses estaban por tomar la ciudad, el Arzobispo de Puebla, naturalmente, brincaba de felicidad, por lo que comenzó a organizar la bienvenida para los invasores, incluídos un te deum y el repique de las campanas en toda la ciudad.
Pero los campaneros de puebla eran Republicanos (o sea, Juaristas); y en la noche, en una operación digna de Aníbal, cortaron todas las cuerdas de todas las campanas de la ciudad y se marcharon con ellas. Así que cuando Puebla fue tomada por los franceses, y el arzobispo ordenó el repique de las campanas, se quedó con un palmo de sus santas y simoníacas narices: ¡No hubo manera de hacerlas sonar ese día!

Tras otros tres sangrientos años, y nuevamente cotra toda apuesta, los franceses fueron expulsados, Maximiliano fusilado, y la república restaurada.
Pero todo gracias al espíritu de resistencia y dignidad que Benito Juárez representaba (motivo por el cual el Congreso de Colombia en 1865 le dió a Juárez el título de Benemérito de las Américas); espíritu que inspiró e inspira a los mexicanos -y a todos los latinoamericanos- a luchar por todos los medios y en todos los terrenos; hasta en la guerra de los repiques de campana.

Fusilamiento de Maximiliano. Manet.
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*Anécdota campanera escuchada del escritor e histriador Paco Ignacio Taibo II
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