lunes, 23 de enero de 2012

¿Porqué confiamos en el líder?

La razón por la que tendemos a confiar más allá de la razón en el líder es la misma por la cual tenemos panza o nos da miedo la oscuridad.




Una y otra vez la casta gobernante nos engaña, prometiendo que esta vez sí se gobernará a favor de la gente, y una y otra vez resultamos timados. Pero algo muy en el fondo nos insta a confiar en ellos... después de todo, son los líderes.


¿Porqué demonios permitimos que nos sigan gobernando personajes tan impresentables, rapaces y, en algunos casos, francamente estúpidos?


¿Acaso somos más estúpidos, y simplemente nos dirige el tuerto en tierra de ciegos?
¿Porqué tendemos a confiar en los líderes?


Hace 40,000 años, el hombre vivía de la caza y la recolección (cápsula cultural: a esta etapa se le llama paleolítico) aún no se había inventado la agricultura, y si se conocía, no se usaba todavía; a nadie le interesaba  sembrar una semilla y esperar 10 años para cosechar una naranja. Los seres humanos caminaban por ahí en grupos familiares muy pequeños.


Así que un buen día de hace 40,000 años, un pequeño grupo va caminando por el bosque. Son tres hombres, dos mujeres y un niño. Viven de la caza y la recolección, pero esta vez las bayas se han acabado, es invierno y el último pedazo de carne lo comieron hace muchos días. Necesitan desesperadamente encontrar algo de caza; la única comida disponible; pero ¿hacia dónde ir a buscar? Perder energías inútilmente en caminar sin encontrar nada puede significar la muerte de el grupo entero. No se pueden equivocar. Uno de los hombres es un "anciano" de 35 años, (los otros tienen 15 y 20) y es el que más experiencia tiene. Él dice saber hacia dónde caminar. Los otros confían en él, y emprenden el viaje. Las mujeres se quedan a armar un pequeño campamento y tal vez a encontrar alguna baya rezagada del invierno.


Los hombres caminan y caminan. Pasa un largo día. No pueden regresar sin nada; así que será mejor que el anciano esté en lo cierto... o todos se extinguirán. Finalmente, el segundo día, la salvación: un alce. El viejo tenía razón y los salvó a todos. Había razones para confiar en él: su experiencia. Y es que en esa situación, segregarse y decir: "yo me voy por mi lado a cazar, ustedes no saben nada"  era mortal; una persona sola moría casi seguro... se extinguía. Los que por intuición o razón confiaban en el líder, tendían a sobrevivir y por lo tanto, heredaban sus genes, entre ellos el de la "confianza al líder". Y había una tercera razón para confiar: el líder no podía actuar egoísta o negligentemente, pues le iba el pellejo en ello también; si se equivocaba, él también moría.
La selección natural dejaba vivir a los que confiaban en el líder y eliminaba a los que no.


Además, confiar en el líder es una característica de casi todos los mamíferos superiores con comportamiento social: las ballenas, delfines, perros, monos, elefantes, lobos, etc siguen al líder no tanto por su fuerza, -al contrario de lo que se cree- sino por su experiencia y capacidad para mantener a salvo al grupo.
Si el líder falla en guiar a la manada a donde está el alimento y/o la seguridad, es destituído -o muerto- y se elige a uno capaz.


Así, los seres humanos actuales somos herederos del instinto de "confiar en el líder".
Alguien podrá decir: "pero, qué va, eso fue hace muchísimo tiempo; tanto, que ya no nos puede afectar; todo es muy distinto ahora".
El hombre cazó y recolectó durante 2,700,000 años.
El hombre dejó de cazar y recolectar hace apenas 8,000 años. 
Para apreciar mejor la magnitud de tiempo, veamos este diagrama:



La franja amarilla es el tiempo que el hombre vivió de la caza y la recoleción; abajo, hay una minúscula franja verde: es el tiempo que el hombre ha vivido de la agricultura; en esa franja verde están comprendidos el descubrimiento de la escritura, los egipcios, los romanos, la edad media, Gengis Kan, Leonardo DaVinci, Napoleón, Jack el Destripador, Anna Kurnikova, y claro... tú y yo.


Como vemos, el tiempo que se vivió de la caza y la recolección representa el 99% de la historia de la humanidad. Durante ese largo tiempo, se fueron arraigando en la mente, el cuerpo y el instinto de las sucesivas generaciones humanas muchas características que conservamos hoy día; por ejemplo: en la época de la caza-recolección conseguir comida era aún más azaroso que en la actualidad; un día comías y podían pasar tres días en que no comieras. De manera que el cuerpo humano fue desarrollando una especie de "bodega" energética para usar en esos días que no hubiera comida: el estómago humano aprendió a retener rápidamente la grasa, y así tener energía cuando no hubiera comida. También desarrollamos un apetito desmedido por lo grasoso y lo dulce: energía para la vida diaria y el frío. Esas características sin duda le salvaron la vida al hombre durante -literalmente- millones de años; sin embargo, hoy día, que muchos tenemos la comida asegurada, estamos condenados a lucir sendas panzas redondas como un balón; o a vivir a dieta.



También, durante toda esa larga era de la caza-recolección, la raza humana vivía prácticamente luchando contra otras especies animales más fuertes físicamente. De día, el hombre podía ver y estar atento a cualquier ataque; pero de noche era terrorífico: los animales tienen buena visión nocturna, mientras el ser humano no; muchos animales cazan en la noche, mientras que el hombre está dormido, indefenso; la única seguridad posible era dormir en grupo, y la pequeña luz de una fogata. Lejos de la luz, estaba el peligro, y muy posiblemente la muerte, en las garras de un depredador nocturno. Así que el instinto humano aprendió, de generación en generación, durante casi tres millones de años, a temer a la oscuridad.


Y es así que también heredamos esa proclividad a confiar en el líder. Y, a semejanza de nuestra facilidad para acumular grasa y al temor a la oscuridad, hoy día esa característica ya no es tan útil.


Hoy los líderes no se juegan la vida en caso de tomar una mala decisión. Recuerda: si antes el líder se equivocaba, él también moría; hoy, generalmente los líderes toman decisiones por razones meramente egoístas y personales. Incluso pueden hacer disposiciónes a sabiendas de que perjudican a sus gobernados, pero que les benefician en los personal. Lo que es bueno para el líder es muy diferente de lo que es bueno para los liderados.



Por supuesto, como los humanos tenemos tendencia a engordar, hacemos dieta. Como tenemos miedo a la oscuridad, inventamos el alumbrado. Pero... ¡Seguimos confiando en nuestros líderes!.
No soy anarquista; no propongo una sociedad sin líderes ni gobierno, pero sí la desconfianza sistemática del mismo: un gobierno sin vigilancia tenderá fácilmente a abusar de su poder.



Propongo una dieta de confianza en los líderes; propongo no entregarnos ciegamente sin reflexionar qué se nos pide; propongo no quedarnos con la pereza de tomar como ciertas las propagandas oficiales, sino el duro ejercicio de pensar: "¿Esto que me pide el gobierno, esta ley que propone, me beneficia, beneficia a la gente?"; y veremos que para la mayor parte de las disposiciones, la respuesta muy a menudo es: NO, al gobierno no le interesa beneficiar a la gente.


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