jueves, 8 de diciembre de 2011

Cómo dominar un imperio sin balas

"La amenaza de la derrota es siempre más terrible que la derrota misma”
Anatoli Kárpov.

"En ajedrez, la amenaza es más fuerte que su ejecución”
Nimzovich.

Las anteriores frases mencionadas por grandes maestros del ajedrez son ciertísimas no sólo en el juego ciencia, también aplican en la vida real.

Generalmente basta con amenazar para disuadir al otro bando de actuar, o para obligarlo a cometer errores. La amenaza puede ser tan básica como un perro enseñando los dientes, o un australopitecus blandiendo un garrote.



Al gruñir y enseñar los dientes, el perro a menudo logra su objetivo, y ya no es necesario pelear.

Esta técnica de la amenaza ha sido empleada desde siempre no sólo por los animales, sino evidentemente, también por los humanos, como los padres que amenzan al hijo desobediente: “vas a ver lo que te va a pasar si no te portas bien” o el tipo musculoso que intimida al que es menos fuerte.



Pero digamos que no quieres intimidar sólo a una persona, sino digamos, a un pueblo entero...

Para tal efecto hay dos técnicas principales, la amenaza directa:

En la cual el gobernante muestra que es poseedor de un ejército o policía capaces de reprimir o suprimir cualquier insurrección. Esto es, por ejemplo, lo que evita que grupos en todo el mundo, como los indignados pasen a acciones más decisivas, como derrocar al gobierno o "tomar la Bastilla", y se conforman con tomar las plazas o calles. No es para menos, la amenaza de ser castigados y aún eliminados por la policía inhibe tales acciones.

Indignados tomando una plaza.

Y el otro es la amenaza externa (imaginaria o no): los extranjeros, los diferentes, los bárbaros, los otros, están allá afuera, pero en cualquier momento pueden venir y robarte o asesinarte. De esa manera fueron creadas varias ciudades feudales europeas: villas en torno al castillo del señor, el cual prometía protección y asilo a los villanos en caso de ataque, a cambio de sumisión, casi toda la cosecha, y ocasionalmente, derecho a la primera noche de bodas.

Mamá, ¿porqué me parezco tanto al rey?
-Cállate y ayuda a tu... padre con las cubetas.


Este método es el que permitió a Jorge W. Baby Bush reelegirse, a pesar de ser uno de los peores presidentes en la historia de los EEUU. Luego de los atentados del 11 de septiembre, el temor se apoderó de los gringos, que le permitieron conservar el poder. Y es que si comúnmente la gente no piensa, atemorizada piensa aún menos.

El miedo, uno de los mejores métodos para controlar a la gente.



Supongamos que no quieres amenazar e intimidar sólo a un pueblo, sino a varios, a varios países.

En ese caso también es muy utilizada es la mera amenaza de la fuerza bruta; pero existe otra más sutil, y acaso más fuerte: los símbolos.

Cuando los antiguos romanos conquistaban un país, lo primero que hacían era conectar ese país con Roma y con el resto del imperio mediante los famosos caminos romanos. Se podría pensar equivocadamente, que estos caminos sólo tenían un propósito meramente comercial, transportando productos y diversas mercaderías de un lugar del imperio al otro; pero su propósito iba más allá: esos caminos tan rectos, pulcros, cuidados y resistentes, eran una muestra evidente de la gran ingeniería romana, y por lo tanto, simbolizaban la superioridad de la civilización romana sobre la primitiva nación conquistada. Y aún significaban más: esos caminos decían: las legiones romanas pueden llegar a cualquier lugar, en cualquier momento, para aplastar toda insurrección, más rápido de lo que puedas decir Espartaco. Los caminos simbolizaban superioridad, poder, y la amenaza permanente del poder militar romano.

 Todos los caminos llevan a Roma... y a sus legiones.

Actualmente el mejor ejemplo de símbolos que representan la dominación de un imperio sobre el mundo son dos ciudades: Washington y Nueva York.

Washington DC, la capital de los EEUU, es también sede del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la OEA, y del comphejo de museos más grande del mundo. Es una capital planificada y llena de monumentos grandilocuentes.

Monumento a Lincoln en Washington DC


Nueva York, la puerta de entrada a EEUU, es sede de la Organización de las Naciones Unidas y de Wall Street. Su perfil está lleno de elevados rascacielos que muestran el poderío estadounidense. Ambas ciudades están diseñadas para impactar al visitante, para mostrar su superioridad militar, económica, cultural y hasta moral. (¿O acaso no tienen de su lado a la mismísima “Libertad”?)

La estatua de la "Libertad"

Sin embargo, la idea de una ciudad pensada como símbolo para gobernar e intimidar a las naciones conquistadas es muy antigua, siendo la primera la mítica Persépolis.

Persépolis, la capital del efímero imperio Persa, fue mandada construir por Darío el Grande. La intención era crear un lugar que demostrara la grandeza y dominio persa sobre el mundo. Incluso su caprichosa ubicación era parte de ello, pues construir una ciudad en medio de las montañas y el desierto era una proeza que sólo un gran imperio podía conseguir. Y lo consiguieron.

El palacio denotaba poderío desde la entrada; la cual estaba flanqueada por 2 gigantescos guardianes mitad bestia mitad hombre. Exceptuando Egipto, en pocos lugares había construcciones tan altas e imponentes, así que si eras el embajador de una nación conquistada que llegaba a solicitar audiencia con Darío, no podías dejar de contrastar la magnificencia y costo de tales construcciones contra la modestia de las toscas chozas de tu tierra. Para dar una idea del tamaño de estos guardianes, hemos rodeado con un cículo naranja a una persona que está sentada por ahí. Imponente.

Puerta de todas las naciones en Persépolis


Después de ese apabullante inicio, recorrías los pasillos, y entonces veías las paredes decoradas con artísticos frisos que mostraban a otros embajadores como tú, pero vestidos con ropa de todas partes del mundo, en filas interminables, uno tras otro llevando tributos y regalos al emperador.

Filas de tributarios haciendo audiencia ante Darío


Entonces, por si no fuera suficiente, te topabas con una escalera monumental que llevaba finalmente al salón de Audiencias de Darío, y ahí nuevamente había más frisos donde se veía a los gobernadores, probablemente venidos de países más poderosos que el tuyo,  pidiendo favores y rindiendo pleitesía al emperador. Todo ello diseñado cuidadosamente para hacerte sentir cada vez más insignificante ante el poderío Persa.

Escaleras monumantales con más embajadores llevando tributo.

Finalmente, antes de entrar al Salón de Audiencias de Darío, ves imágenes de lo que te espera: al mismísimo  Darío recibiendo a los embajadores, y decidiendo la suerte de cada país de la tierra. Todo ello producía el efecto deseado: temor ante la amenaza velada del poderío persa. Y agradecías no estar enemistado con ellos.

Darío en su trono oyendo a los embajadores del mundo.


Sin embargo, a diferencia de por ejemplo, la Columna de Trajano, en estas imágenes no hay violencia. No vemos a soldados sometiendo a los conquistados.

Columna de Trajano; soldados romanos sometiendo a los conquistados.

Por el contrario, los embajadores van caminando con sus tributos en perfecta paz y armonía. Aceptan como natural el dominio persa, que en realidad pretendía mostrarse como un reino de paz y armonía; te decía: podemos llevarnos bien si no te me opones. El nombre Darío significa “Aquel que apoya firmemente el bien”. Y apropiadamente, la puerta del palacio de la que hablamos arriba, se llama “Puerta de todas las naciones”. Persépolis representa la capital del Mundo, donde el Imperio Persa dirige en paz a todas las naciones. Cualquier similitud con Nueva York y las Naciones Unidas no es mera coincidencia, porque recuerda: todo símbolo tiene un significado, toda palabra una intención.
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