martes, 23 de agosto de 2011

El caso del artista asqueroso

Conversando el otro día con una persona muy querida, oímos al pasar una canción. Expresé mi gusto por la melodía, y la otra persona también; a continuación me preguntó de quién era la canción -de fulana- le dije; -¡Qué cantante tan mala! Es desagradable y estúpida. No puede cantar bien-.
Esto me lleva a reflexionar lo siguiente: ¿La obra y el artista están unidos de manera tal que personalidad del artista perjudica o ensalza su obra?
Yo creo que sí...
...y no.
Me explico:
Evidentemente sí influye la personalidad en la obra; el temperamento, la tranquilidad o agresividad del artista queda plasmada en su trabajo; pensemos en los casos de Charles Baudelaire, Frida Kahlo o Vincent van Gogh; artistas atormentados que reflejaban en sus obras las más desgarradoras pasiones, motivo por el cual tanta gente se identifica con ellas.

Edgar Allan Poe 
Sólo que la obra puede ser algo distinto a lo que el artista es o representa en la vida: Tenemos a George Sand, la novelista con vida de novela, que se enfrentó a un mundo de hombres y triunfó; motivo por el que es ampliamente conocida, a diferencia de sus obras (¿alguien puede mencionarme algún texto suyo?). Tenemos a Goethe, el más grande hombre de letras alemán y uno de los más grandes de todos los tiempos, cuyo Fausto refleja tanta humanidad; y que sin embargo era un aristócrata frío y calculador. Tenemos a Edgar Allan Poe, alcohólico, jugador, un junior irresponsable, que sin embargo, fue uno de los más grandes maestros de todos los tiempos del relato corto y de las letras. En estos casos, evidentemente la obra y el autor tienen muy diferentes caminos.
La obra es como un hijo: tiene una gran cantidad de nuestro ADN, pero al fin de cuentas, es un individuo diferente al padre.
El artista puede ser un ser repulsivo, asqueroso, ruin, y su obra elevada, bella e inspiradora.
San Sebastián de Rubens
En el renacimiento, había un pintor, cuya fama era tal, que le llegaban encargos de toda europa. En una ocasión hizo un san Sebastián para una rica noble. La señora, al ver el cuadro, se sintió profundamente conmovida por la sensualidad que el cuadro irradiaba, pues como pueden ver, las pinturas de san Sebastián tienden a tener un cierto erotismo bandage católico, que no le fue indiferente a tan encumbrada dama, la cual al ver el cuadro sentía ciertas humedades poco católicas.

San Sebastián de Guido Reni

Llegó a tanto el apasionamiento que la noble tuvo por la pintura, que le escribió al pintor, pidiéndole conocerlo en persona: "una obra tan bella, tan sensual, tan perfecta, sólo puede ser obra de un ser igual; ardo en deseos de conocer a ese ser; maestro, venga a mi castillo".
El maestro contestó: "Señora mía, conténtese con conocer a la seda, y no al gusano"

San Sebastián de El Greco
Chapó.



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