martes, 21 de junio de 2011

El Pulque, elíxir divino

Hace mucho, en el año del conejo, un campesino llamado Papantzin regresaba a su casa. Aunque era de noble linaje, no era muy adinerado, y además de cuidar su tierra, frecuentemente salía a cazar para dar de comer a su familia. Y parecía que ese día sería completamente infructuoso, hasta que vió a un roedor de campo cruzar frente a él. Dispuesto a darle caza, comenzó a seguirlo, hasta que el conejillo entró en su madriguera, hecha precisamente bajo un maguey.

Un conejo, que como el de Alicia,
 llevó a descubrir algo inesperado bajo un árbol
Como buen cazador, Papantzin era paciente, así que resolvió esperar a que el conejillo saliera de nuevo. Pasó el tiempo, y el conejo volvió a salir; pero Papantzin no lo cazó: le llamaron la atención los ojos rojos y el andar extrañamente confiado del roedor, comúnmente miedoso; así que se acercó al maguey donde estaba la madriguera, y pudo ver que el animalito lo había roído, de tal manera que de él brotaba un líquido. Papantzin, como buen cazador, era inquisitivo, así que decidió probar aquel líquido, y para su sorpresa, era lo más delicioso que había tomado. Puso en su huaje lo más que pudo, y regresó a su casa. En los siguientes días y semanas, Papantzin y su familia disfrutaban del delicioso líquido, llamado aguamiel, gotas que el maguey desprende al ser raspado.

Aguamiel acumulado en el maguey después de raspado

Pero sucedió en una ocasión, que en una de las tinajas donde atesoraba el aguamiel, se quedó varios días éste sin ser bebido. Papantzin lo probó, y pudo comprobar que el aguamiel había cambiado completamente; se había espesado, y su sabor era aun más agradable, aunque mareante; al tomarlo inducía a  un estado de suave complacencia y alegría. Le llamó Octli (vino de la tierra), hoy conocido como Pulque. Tanto le agradó, que decidió darlo como presente regio.

En el señorío donde Papantzin vivía gobernaba el rey Tecpancaltzin. Decidió llevar un poco de pulque al rey. Así que acudió a palacio junto con su hermosa hija, Xóchitl, de 16 años.

El descubrimiento del Pulque. Luis Obregón.

Tecpancaltzin se holgó de recibirlos, pues eran del mismo linaje. El rey probó la bebida que le ofrecían, y quedó maravillado. Llenó de presentes a Papantzin, y le pidió que le enviara más; y le dijo que lo compraría aún a alto precio. Sólo que debía ser traído por Xóchitl. Papantzin, como buen cazador, era desconfiado, y sabía que además de pulque, el rey se prendó de otros dones, así que sin desairar al rey, mandó a Xóchitl al día siguiente a palacio acompañada por una vieja doncella, con órdenes de no dejar sola a su hija por ningún motivo.

Y fueron recibidas con su cargamento de Pulque.
Pero como a  menudo ocurre, lo mandado fue la perdición del mandadero.

Huaje para llevar Pulque o cualquier otro líquido.
Tecpancaltzin, que era astuto, invitó a quedarse a comer y a descansar a las dos mujeres.
Comenzó a ser escanciado el pulque; rey, hija y chaperona a cada libación se sentían más relajadas.
En un momento dado, con el pretexto de dar el pago correspondiente por el pulque, Tecpancaltzin tomó aparte a Xóchitl, llevándola al jardín privado del palacio. La vieja, tomada por sorpresa, no pudo hacer mucho; en buena parte porque estaba en un estado en que ya casi no le importaba, y en otra, porque inmediatamente varios sirvientes acudieron con ella a fin de agasajarla y regalarla con presentes, comida... y más pulque.
Jardín real
Así que en el jardín, el rey comenzó a requebrar a la ahora indefensa Xóchitl.
Las solicitudes e insistencias de Tecpancaltzin aumentaban, y la resistencia de Xóchitl disminuía; hasta que la fortaleza cayó, accediendo  a los requerimientos del rey.
Después de varias horas de mutuo gran placer, el rey llamó a un sirviente y le dió algunas órdenes.
A los pocos minutos, la vieja chaperona era mandada a la calle -eso sí, con sus regalos- y con un mensaje para Papantzin: su hija se quedaba en palacio. Éste, que como buen cazador era práctico, reflexionó que no podría hacer mucho en ese momento, así que decidió esperar.

Extracción del pulque

Las entregas de pulque, sin embargo, seguían; y en cada ocasión Papantzin solicitaba el regreso de su hija; y en cada ocasión Tecpancaltzin le aseguraba que si la retenía en palacio era únicamente para darle la mejor educación; en efecto, Xóchitl estaba aprendiendo a leer, escribir,y a dibujar, además: matemáticas, danza, canto, astronomía y modales. Así que sin más remedio, Papantzin regresaba a su casa; no podemos decir que con las manos vacías, pues cobraba a buen precio el pulque, que se había convertido en algo indispensable en el palacio, pero sín su hija.
Sin embargo, un día Papantzin, que como buen cazador era muy observador, supo, a través de la mirada de su hija; de el color de sus mejillas; de su caminar, pero principalmente, por su prominente vientre, que Xóchitl estaba encinta.


Escultura en jade.

Sin embargo, no perdió la calma; aunque exigió a Tecpancaltzin la reparación del daño. Éste intentó convencer a Papantzin de que como reparación podrían bastar un par de canastos llenos de telas, plumas, y alhajas, ciertamente todas caras y preciosas. Pero el padre no aceptó. El rey subía la oferta cada vez, pero cada vez ésta era rechazada. Papantzin sólo aceptaría como reparación el matrimonio. Tecpancaltzin, todavía tranquilo, le aseguró que ello era imposible; debía casarse con la hija del señor de Texcoco, a fin de asegurar una alianza.
-Todos los días te preguntaba por mi hija, y todos los días, ante toda la corte, me asegurabas que solamente estaba aquí para estudiar; y que tu interés no era otro. -dijo Papantzin- Pero como al poderoso le es dado romper su palabra sin que el débil pueda hacer nada,  me voy.-
El rey estaba feliz, no sólo conservaría a Xóchitl del modo que él quería, sino que le saldría gratis.
-¿Y cuándo te esperamos con más de tu octli?-quiso averiguar el gobernante.
-Realmente, creo que nunca-contestó Papantzin.
-¿Cómo que nunca?
-Bueno, yo traía todos los días el octli para ver  mi hija. Pero ahora que se ha convertido en una prostituta, no tengo más hija, y mi razón para seguir fabricándolo, incluso, mi razón para seguir viviendo, ya no existe más.
El rey entonces sí tragó saliva. El precio que Papantzin pedía por su hija ya no parecía tan alto, junto a la perspectiva de quedarse sin octli..¡para siempre!.
No le quedó más remedio que aceptar. Y así, Papantzin, que como buen cazador era muy astuto, se salió con la suya y Xóchitl se casó con el rey, quien canceló su compromiso con Texcoco; tuvieron un hijo, que llegó a heredar el trono y el gusto por el pulque. Y en el reino se vivieron los más felices años que nadie recordara.
Xóchitl y   Tecpancaltzin
Otras tradiciones mencionan a Xóchitl como la creadora del Pulque. Pero creo que ella fue esa suerte de señuelo encargado de atraer a quien se encargó después de propagarlo en todo el reino; como esa otra leyenda, donde la cruz fue el signo luminoso que comunicó a Constantino la ventaja de volverse cristiano; o de esa más hermosa, donde el conejo fue el medio que llevó a Alicia a conocer el país de las maravillas.



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