lunes, 13 de junio de 2011

El Maguey, don de los dioses. La leyenda de Mayahuel.

Hace muchos años, en los tiempos míticos, los hombres tenían comida y maíz para asegurar su sustento. Pero nada alegraba su corazón, ni les hacía bailar o cantar; pues no tenían nada que les proporcionara placer o gozo. Y los dioses sintieron lástima por ellos. Comenzaron a discutir sobre qué sería mejor regalarle a los hombres. Unos pensaron en telas, para que les dieran calor en las noches, y alegría en los días con sus colores; otros, en comida dulce; otros, en delicioso néctar; todos proponían, y no se ponían de acuerdo. Entonces el dios Quetzalcóatl recordó a Mayahuel.

La diosa Mayahuel

Mayahuel era una joven diosa que vivía lejos, retirada de donde habitaban el  resto de los dioses. A pesar de ser muy bella y deseable, estaba encerrada y apartada de la mirada de los demás; pues su abuela era un tzitzimitl, es decir, un demonio celestial de la oscuridad, que cuidaba celosamente de la virginidad de su joven nieta.
Imagen de un  tzitzimitl
Además de sus virtudes personales, Mayahuel tenía una planta mágica, que daría no sólo alegría, sino techo, comida y bebida, y muchos dones más a los hombres; tal era su magia. Así que el resto de los dioses encomendaron a Quetzalcóatl la misión de traerla .
Éste, transfigurándose en viento, fue hasta donde estaba encerrada Mayahuel, y con suaves palabras, la convenció de que la acompañara al mundo de los hombres y compartiera con ellos su planta mágica.

Una de las advocaciones de Quetzalcóatl: La serpiente emplumada

El riesgo era muy alto; pues huyendo no sólo enfrentaría la ira de su abuela, sino también la de sus hermanos, vengativos y poderosos. Pero la apostura de Quetzalcóatl  logró penetrar en el corazón de la doncella, que finalmente aceptó fugarse de su prisión. En su huída, ambos dioses, jóvenes y bellos, se enamoraron, sin poderlo evitar; prometiéndose amor eterno en cuanto hubieran cumplido la misión de dar la planta mágica a los hombres. Como dice Dante, para ellos "comenzaba la época de los dulces cantos y del trinar de las aves".
Pero la dicha duraría muy poco.
Ya estaban en la Tierra, cuando vieron que los venían persiguiendo los hermanos de Mayahuel, mandados por su malvada abuela -después de todo, era un demonio- y desesperados, buscaron dónde esconderse; Mayahuel, desesperada, hizo que tanto ella como Quetzalcóatl tomaran la forma de su planta mágica; y bajo esa forma quedaron, esperando no ser encontrados.
Llegaron a donde ellos los temibles tzitzimitls. Sólo vieron plantas y piedras. Buscaron y buscaron, pero no hallaron ni rastro de los fugitivos. Estaban por retirarse, cuando el hermano menor notó una planta diferente a las otras: era la planta mágica de Mayahuel; que hoy conocemos como Maguey o Agave.

Maguey o Agave mexicano.

Cuando la vieron de cerca, reconocieron a su hermana; y cruelmente, arrancaron la parte de la planta en que estaba convertida, y la destrozaron. Cuando su furia cesó, los tzitzimitl se marcharon. Entonces Quetzalcóatl, que se había salvado, pues su parte de planta no fué tocada, recobró su forma. Tomó los restos rotos de lo que había sido Mayahuel, y con sumo cuidado y cariño, la sembró; regándola todos los días con su llanto. De esos restos resurgió la planta mágica, pero no pudo nunca recobrar su forma humana-divina; quedando Mayahuel convertida para siempre en el sagrado Maguey. Y desde entonces, el maguey llora lágrimas por su amor; lágrimas que son el aguamiel, néctar del que se obtiene la divina bebida, el Pulque.

Mayahuel transfigurada en el Maguey

Y Quetzalcóatl y Mayahuel no dejaron de cumplir su promesa: del Maguey se obtiene no sólo el dulce aguamiel, el fresco Pulque u otras bebidas alcohólicas,como Tequila o Mezcal, fuente de alegría; de su penca se pueden obtener fibras, para hacer tela, y agujas para coserla; cuerdas, papel, e incluso techo y vigas para las casas;  para embellecer a las mujeres, peines; para bailar, tambores; y flautas, que endulzan el corazón;  también pueden convertirse o ser parte de deliciosas comidas, alegrando al cuerpo. Por eso los hombres veneran al Maguey, don de los dioses.

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