lunes, 18 de abril de 2011

La imprenta, el invento diabólico

Controlar a la gente es la mejor manera para un gobernante (rey, presidente, dictador, tirano, papa) de asegurarse una vida tranquila y placentera. Y para controlar a la gente, puedes valerte de las armas, pero es un método peligroso y caro. El mejor método es...
Policías guiando a una señora.
...controlar su mente; convencerlos de que hagan o crean lo que el gobernante quiere; y para ello, hay que controlar la información que llega a la gente. Esto, en la antiguedad y la edad media, no era muy difícil; los medios de comunicación no eran masivos y eran bastante limitados: un mensaje podía tardar semanas en llegar de un rincón al otro de un país. Los libros sólo se fabricaban en los conventos, y hacer un libro significaba meses de arduo trabajo a mano. Un solo libro costaba lo que una casa, por lo que las grandes bibliotecas contaban con 10 ó 20 ejemplares a lo sumo. Así que la información sobre la vida, sobre lo bueno y lo malo la proporcionaban los jerarcas y ancianos del grupo, y luego los líderes y sacerdotes. Hasta la edad media, así era: la palabra del scerdote era la que definía cómo debía ser el comportamiento de la gente. No había otro lugar en el cual comparar, pues no había libros o revistas, y además, la mayoría no sabía leer. Pero en 1450 esto cambió radicalmente: El muy famoso Juan Gutenberg (orfebre de oficio) creó la imprenta con tipos móviles. Mucha gente cree que él inventó la imprenta; lo cual es inexacto; ésta ya existía desde hacía mucho tiempo. La genialidad de Gutenberg fué idear tipos móviles; es decir, letras de metal, que fueran lo suficientemente resistentes como para ser usadas una y otra vez. Sólo que la labor no era económica, así que pidió un préstamo al judío Juan Fust. Con el dinero, logró crear la imprenta y los tipos, y empezar a imprimir. Sólo que el tiempo se le vino encima, y no terminó su primer libro comercial, la famosa biblia de 42 líneas. (puedes verla en línea aquí)

Biblia de Gutemberg 

Así que Fust demandó a Gutemberg por incumplimiento, y ganó el pleito, con lo que se apropió de la imprenta. Se dedicó entonces él mismo al negocio de la imprenta, y a vender libros, que tenían la párticularidad (lograda por Gutemberg) de ser indistinguibles de los hechos a mano, sólo que fabricados con una velocidad prodigiosa.
Cuanta la leyenda que en Francia, Fust fue arrestado por la inquisición. No era posible hacer libros tan rápido, a menos que, lógicamente, fueran obra del diablo, y por lo tanto Fust, uno de sus adoradores (recordemos que era judío, lo cual lo hacía más sospechoso a ojos medievales) Fust tuvo que confesar su secreto; (muchos dicen que ese fue el origen de la historia de Fausto, que le vendió su alma al diablo) y así fue revelado al mundo la tecnología que robó el monopolio de la información a la iglesia. Ahora somos muchos los que sabemos leer, y podemos elegir entre muchas opiniones diversas. ¡ah, maldita libertad! (¿o no?)

La visión de Fausto.
Ricardo Falero

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